Espejos


En este tiempo comedido lo necesariamente obsceno, es el verbo de la emoción y la carne. La grafía de todos los flujos y no la asepsia de lo aceptable, y enfrentar la otra piel, aquello que desconocido rota a la velocidad de los propios abismos. Y descubrirse entre los escombros que somos tras o en la  caída. 
Convocar al otro, no es más que la búsqueda de los mundos frente al espejo... Y no es hallar lo que nos salve, quizás tan solo sea reconciliarse.

Intermitencia

Hay un lenguaje común en la intermitencia, un resguardo que se abre en lo que escapa de lo lineal. Lo hay en los quejidos secos de las hojas que en tropel corretean aventadas por las calles, en la llama veleidosa que se jacta en su propia consumación, en la suerte de megafonía que los tejados de uralita promueven en la que, leve lluvia, se torna escándalo y pataleo. Hay ese algo en todo aquello que no sabe del continuo, que desconoce del afán de los hombres maquillando su angustia entre lineas, esa oda de grandilocuencia de las ciudades. 

¿A que otro ser se le ocurría plantearse cuadrar lo circular que nos contiene más que aquel que tanto teme y busca enmarcar lo inabarcable?

 En fin, como venia a decir, hay un algo reconciliador en la intermitencia.
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