Grisácea indiferencia


Paseando un muchacho de pelo oscuro y espumoso, como una especie de campo de gravitación rodeandole, visible.

Lo observó apostada bajo un árbol, mientras desordeno los tiempos y los llenos de ecos fúnebres y arquitecturas sutiles. 

Lo observó en su caminar alentado, en su trayecto a alguna parte acompañado por su musica cuando sonríe, pleno, en ese destello secreto que palidece en su cara cuando su mirar de burbuja se topa con mi retina. Y como un niño descubierto en su locura infantil al que reprendieron, se pinta de nuevo la careta de grisacea indiferencia que exigen las ciudades.

 Hoy vi otra estrella muriéndose lentamente en el firmamento.

3 comentarios:

  1. Incomunicados, difícilmente nos asaltan, nos exaltamos en nuestras vidas. Lo mejor es tirar de recursos caninos, a ojos de perro cuando muere la ciudad, uno que se enrede fácilmente con lo ajeno para enganchar la correa de una satisfacción, de una conversación sobre cacas y bolsas de plástico.

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    1. Jo, pues teniendo dos gatos estoy avocada a la total exaltacion de mi vida. Ni escapatoria canina, ni na... Jo. jajajaja

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    2. Es cierto, los felinos son afines a las soledades y al éxtasis de la intimidad interior; los canes para la caza mayor y los comportamientos soeces (una animalidad sin ambigüedad). Me gustó lo de la "escapatoria canina". Yo tampoco tengo escapatoria en ese aspecto, pero habrá que ser más displicentes: todos somos perros y podemos sacar a pasear a nuestro perro.

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