Retales



No quiero tu mirada vaporosa y azul, no solo a ella, observando lo infinito. Quiero la llama viva en tu retina, el hambre implacable del que se toma sus derechos.
Así que mírame, atraviesame el pellejo de diablo que he formado con buenas costras, quiebra el espinazo de la bestia y sientala en tus rodillas, arrullada con el aliento que toma el aire para tornarlo gemido. Arrastrala con los dedos inundados de dulces, que te muestre su paladar de rossa, su secreto carnívoro, el pasadizo al olvido. Y si te atreves, desposee la luz con la que conformo sus colmillos. 
Recoge tus recuerdos... demasiados viajamos con exceso de equipaje.


4 comentarios:

  1. El recuerdo también marca las distancias. Dan ganas de ser un Belcebú sabroso en ese caldo de especias y especímenes, hurgando las costras y las heridas con una cuchara para hallar el placer de la sopa. Me gusta esa bestialidad que seduce con las fauces y araña con los ojos, la bestia que ama el pellejo del espinazo. Detrás de toda atracción, después de la lucha infinita, la claudicación infinita.

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  2. Respuestas
    1. No sé si es hermoso pero sería plausible que lo fuera.

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  3. Justo cuando se había armado, justo cuando era el diablo que quería, una mirada, un recuerdo le hizo descubrir lo que en realidad era. Saludos. Pablo.

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