Verborrea



El sonido de las grietas apestan demasiado a tanto pasado que dudo quede algún espacio para pincelar inéditos amaneceres. Duele, el chasquido de nuestros pasos pulverizando terruños resecos. Este pretender humedecer a salivazos la sequedad de las calles, guarida para la desolación disfrazada de verbena.
Y esto, la procurada libertad en formatos de olvido, droga de mil colores como baluarte de lucha, de diferencia, aun apostando por la destrucción sistemática del individuo buscando amparo en los callejones de las urbes, me aburre, soberanamente, dueña de mi incapacidad de mitificación, te digo...
no somos mas que otros gilipollas reformados, alardeando de cierto grado de consciencia repitiendo mecánicas fallidas, un simple fraude.
Nada nuevo nos alcance, así sea, pues.

Pero eso si, seamos alternativos, caguemonos antes de reventarnos, en algún alcalde. Pero eso si, bonitos slogans decoren nuestras modernas camisetas. Pero eso si, para la lapida a los 27 se nos hizo ya muy tarde.

El reloj de cuco


Continuó paseando por la habitación, de un lado a otro, como quien buscara algo que no logra recordar. Ojeando por momentos el pequeño reloj de cuco, intentando descifrar ese soniquete de promesa de artificio emitida cada hora.
La una, penso, cuando el minutero cayo ralentizado sentenciando lo irrevocable y, de aquella absurda ventanuca emergió aquel ave descolorida, entumecida, de ojos oscuros y apáticos que lanzo en pleno arrebato contra la pared de enfrente. El artilugio se descompuso en mil fragmentos, aun así, el estupido pajaro persistía en su misión, emitiendo sonidos lastimeros y rasgados que atentaban a cualquier armonia anterior. Por momentos el autómata se desgañitaba, lo que evidenciaba su esencia y procedencia.
-¡Puta tecnologia, alemana! tan fría y eficiente- grito.
Ya mas sosegado, le llamo la atención aquel pico, enrojecido. Se le antojaba semejante a las bocas cargadas de carmín de las muchachas de la calle Libertad reclamando atenciones. Aquel pico de madera que no debaja de batirse obcecado en su significación, enmudeció repentinamente, y le asalto el silencio. Su oído tanteo la habitación en busca del aleteo sordo de algun pajaro. Nada, solo el runrun mecánico de los autos de la carretera cercana, nada, tan solo la concertina de los platos y las ollas de las casas contiguas. NADA, las calles del casco viejo en pleno fervor de cañas, nada, la persistente rutina y sus ecos, o quizá la vida para un buen lector.
Nada ocurría, el autómata de plumas quedó tras su trayecto con los ojos descascarillados sobre el suelo, como algunas tardes de Domingo, en las que ella ni llegaría a intuirle ya que desconocía el lenguaje de los pájaros, y menos de los que bullían mas allá de la piel.
Asi que lloro, una lagrima por esa astilla que hirio su parpado izquierdo, lloro, por la decepción de desnudar lo simulado, para luego, rascarse la cabeza mientras decidía como carajo iba hacer para recoger todo aquello.

Bioboticas



A veces, se bocetean páramos desolados sobre el pecho. 
Es el hambre, el crepitar de los dientes carcomidos y añejos de la infancia que ha roído piedras.

Que hostil el mundo para los desguarnecidos, que franco el disparo en sus entrañas. 
Y de a gotitas, a gotitas, perlas sangran que nutren cerdos.

Grisácea indiferencia


Paseando un muchacho de pelo oscuro y espumoso, como una especie de campo de gravitación rodeandole, visible.

Lo observó apostada bajo un árbol, mientras desordeno los tiempos y los llenos de ecos fúnebres y arquitecturas sutiles. 

Lo observó en su caminar alentado, en su trayecto a alguna parte acompañado por su musica cuando sonríe, pleno, en ese destello secreto que palidece en su cara cuando su mirar de burbuja se topa con mi retina. Y como un niño descubierto en su locura infantil al que reprendieron, se pinta de nuevo la careta de grisacea indiferencia que exigen las ciudades.

 Hoy vi otra estrella muriéndose lentamente en el firmamento.

Espejos


En este tiempo comedido lo necesariamente obsceno, es el verbo de la emoción y la carne. La grafía de todos los flujos y no la asepsia de lo aceptable, y enfrentar la otra piel, aquello que desconocido rota a la velocidad de los propios abismos. Y descubrirse entre los escombros que somos tras o en la  caída. 
Convocar al otro, no es más que la búsqueda de los mundos frente al espejo... Y no es hallar lo que nos salve, quizás tan solo sea reconciliarse.

Intermitencia

Hay un lenguaje común en la intermitencia, un resguardo que se abre en lo que escapa de lo lineal. Lo hay en los quejidos secos de las hojas que en tropel corretean aventadas por las calles, en la llama veleidosa que se jacta en su propia consumación, en la suerte de megafonía que los tejados de uralita promueven en la que, leve lluvia, se torna escándalo y pataleo. Hay ese algo en todo aquello que no sabe del continuo, que desconoce del afán de los hombres maquillando su angustia entre lineas, esa oda de grandilocuencia de las ciudades. 

¿A que otro ser se le ocurría plantearse cuadrar lo circular que nos contiene más que aquel que tanto teme y busca enmarcar lo inabarcable?

 En fin, como venia a decir, hay un algo reconciliador en la intermitencia.

Excreciones

Todo cobarde estalla en coartadas, todo fugado de su dolor ejerce la herida en la fe del otro.
Todos los temerosos de su oscuridad, bordean el minimo atisbo de luz con el afan de tatuar su sombra.

Vigila las lineas, los aspirantes a vivos estan ahi fuera.

Exocita

Tan puta y más cabron que un alguien, sin mas dueño que el asombro, la vida fluye inexcusablemente hacia el sumidero.

Albert Cañado Tresfuentes (Fontanero y sociólogo)

Coartada


En el sigilo de la madrugada abierta en paso, en la ola fatídica en retirada, escupida ya, su rabia lunar, el ahora, y la desconcertante dejadez de los pasajes asolados, donde florece la espuma delatora que pende entre los labios preñando el amanecer de malvas.

¿Sabes..? El aroma de tu cuerpo es la coartada del abrazo.

?¿



Y si la tarde se desploma sorda sobre el pecho. Y si la ciudad se desnuda solicita ante los últimos estertores de un sol intimidado por una tormenta que nunca estalla. Cuantos cadáveres tendrían cabida en un verso. Cuantos versos se precipitarían desde las sienes desarticuladas sobre este escritorio impregnando el aire de combinaciones taciturnas.

Y si esta noche se estampa como un preludio contra el tiempo. Y si la Luna acaba licuada en hirviente progresión avivando los despojos de mis entrañas que siempre te nombran. Cuanto espacio resquebrajaría las ondulaciones de mi voz. Cuanto verbo predeterminado por el ayer se diseminaría entre  los muslos hasta la embocadura de tus labios en esa atmósfera sin peso antes de que cayera la ultima de las defensas.

Inquietudes y café

Tricky - Come To Me


Observar con los ojos amorosamente fieros del afilador, la danza imperturbable ante la inquietud de la carne, con todo lo ajeno entremetido en las uñas mientras humea el café, mientras las rutinas desfilan frente a la luna de un bar. 
Anticipando el sonido de su voz embebida en ternura, con la mansedumbre del sexo reconciliado. Así como la voluntad se dejaba al sueño, el poblarse de tu barba en el trascurrir de los días son terrones descomponiéndose en mi cabeza.

¿Y que hacer con la apetencia de huesos molidos que ungir sobre lo incierto?

Proyectar el arma en el abrazo, me digo, afanarme en la artesanía sin trascendencia de un nombre a pie de obra, en el espacio vacío del pecho. Tal vez el tuyo, posiblemente el mio. Dejarse, en lo que no tiene nombre y rota en lo cíclico del anhelo.

Poco importa, en la falta de significación de todo esto, que asumir la libertad propia y ajena, que reconocer en lo maleable de la arcilla la composición del acto, la resolución. Permanecer, respirarse las madrugadas y acometer los azules del amanecer a dentelladas, y no caer en la renuncia de la enredadera reseca que adolece de lluvia.

Solo se muere una vez, me repito, desenfunda la sonrisa, coño, pasemosla bien.

Lecturas


No puede darse la poesía en el árbol desnudo que abraza el aire, en ese árbol que como un clamor de ramas agrieta su confinamiento y la aspereza de las aceras, hambriento, necesitado de cualquier asomo de cálida luz, buscando el amparo del sol en una farola . 

No puede darse...

La Susodicha

" No existe a mis ojos, mayor muerte en un poema, que la prolongación de lo predecible. Un rebaño de versos apostados en la cotidianidad de una cañada." Se dijo la puta apacible mirándose en el espejo, conmovida.
"No es derrota en mi boca, la señal de lo propicio en el gesto plegado que antecede a la condenación. Turba de emociones que acontecen en la inhumación de los perversos". Se dijo la santa arrebatada lamiendo los dedos plenos de su sangre, embelesada.
Y se derrumban ambas , tierra, en tú, curva perfecta, vete a saber por què extraño apremio devenido tras vivir, como fardos agrietados de esperma rotando la próxima primavera.

De gatos y mariposas

Chris Isaak - Wicked Game

De gatos
Y en los barracones de la esperanza, los condenados desmadejan hebras de whisky con las manos encallecidas de deseos, jugando con sus sombras al blackjack y emulando desgarros de manual de poesía para aspirantes a malditos... hacen odas y rolas al amor, o al coño infinitum.
 De mariposas
Y en los burdeles de entrevias, las reinas de las fantasía acicalan antifaces con agonía, retando a la locura de los poetas con el perfume de la carne descompuesta. Y sacan lustre a sus rutinas, y se masturban, escriben y alucinadas citan la afrentan a la polla excelsum por excelencia, sutiles invitaciones a la mesa, de la mugre de la perfecta muerta.

Ascuas



Y que las uñas hieran el cielo mismo de mis días, que aventada en la herida arda ya el ascua pálida de algunos poemas, como sarmientos de hiedra abrazando el fuego en su consumación.

Embarquemos pues, tras quemar las naves, en la fría obscenidad del desencanto.

Retales



No quiero tu mirada vaporosa y azul, no solo a ella, observando lo infinito. Quiero la llama viva en tu retina, el hambre implacable del que se toma sus derechos.
Así que mírame, atraviesame el pellejo de diablo que he formado con buenas costras, quiebra el espinazo de la bestia y sientala en tus rodillas, arrullada con el aliento que toma el aire para tornarlo gemido. Arrastrala con los dedos inundados de dulces, que te muestre su paladar de rossa, su secreto carnívoro, el pasadizo al olvido. Y si te atreves, desposee la luz con la que conformo sus colmillos. 
Recoge tus recuerdos... demasiados viajamos con exceso de equipaje.


A tientas..

Plaid - Host


Un instante, y la memoria fue barrida por la brisa de las amapolas, digamos, que en ese maremágnum de materia enredándose, coleando como un cardumen de peces en pleno frenesí de luna, el lenguaje y el mundo se le quedaron obsoletos.

Y llego la torpeza del niño que tararea a tientas aquella canción. Los Sábados... 2X1.


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