Una y otra vez




Difundir el dolor como forma de evidenciar la vida propia o ajena, pudiera ser el impulso que hace al escritor. 

 Los beatos aseguran que en ocasiones sangran, sudan y lloran las palabras, que estos tenues embalajes acaban conteniendo hasta lo voluble del aire. Así que yo, las nombre mi patria ante ciertos arrebatos de desolación, mi patio de recreo y esquina de amparo al vagabundo. 
Desprendían en ocasiones ese olor entre rancio y dulzón de lo consumado. Solían acudir cuando el sexo embebido de nostalgia se agitaba parapetado tras la poética, entonando ayer, ensalzando mañanas.  Si, más allá del  alter ego que acompaña a cada escritor, bulle un gran cobarde, tan lleno de necesidades que empuña la generosidad del verbo, aspirando así al espacio común donde revindicar su hambre. Ansia de reconocimiento, el bálsamo contra el festín de soledades que pueblan la mente.

Una y otra vez, los mismos trasfondos en las historias y sus diferentes atuendos, los mismos habitantes del subconsciente buscando la redención en la obtención, y esto se repite desde el primer sonido emitido, desde el primigenio concepto que se logro balbucir y alcanzo el entendimiento del otro.
  
¿Donde fueron a parar mis palabras? Han dejado apenas la estela tras su fuga al reencuentro con la identidad.


2 comentarios:

  1. ¡Ajá!, acá están tus palabras, identicas a las que dejas por fuera...

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    1. Siempre me fascino este conocimiento mutuo que se da en las redes con completos desconocidos...jajaja

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