17 de Octubre...





Así como canta el mar bajo el madero alzado que zarpa, así como permanece sereno el cielo en el acantilado, así, vagaremos en el azar de no dar nombre a lo que brota en madrugada.


... pareciera el encabezado de un cuaderno de bitácora o la memoria para futuras regresiones de un diario adolescente, pero no, o si. El caso es que la noche es inusualmente cálida, como si a este botxito se le hubiera venido encima medio trópico, ahora que debieran comenzar los bailes de hojarasca, ahora que la lluvia debiera estamparse contra las vidrios narcótica y embelesante abriendo los pequeños torrentes de dulce melancolía, pero no, es un estallido de calidez que ha dejado un reguero efervescente que se percibe en las calles y un cielo de una monumental claridad en el que dejarse ir tras el rastro de la Osa Mayor con el infantil anhelo de localizar a Arturo en algún punto de esta inmensidad.
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