Emisión...



Enciendo un cigarro como quien regula unos anteojos frente a un escenario y me dejo sobre el bataqueado sofá que hace años corteja los atardeceres de mi ventana. Hoy se insinúa purpurea, desgajada por momentos por esos últimos rayos que no alcanzan a combatir la bruma que los desdibuja, que torna los perfiles acerados de los edificios en espejismos que abrazan en la distancia los montes afelpados. 

Hermoso, solo alcanzo a definirlo como hermoso, es un fin de acto soberanamente hermoso, como un león reconfortado tras devorar los parabienes del día preparándose con ademanes de lasitud para el sueño. Y ahí me quedo, dejando que el tiempo mute frente a mis ojos, ahí, ansiando que se evidencie en esa especie de batalla de matices mientras se filtra la brisa ya fuera el aliento de la propia vida. 


La huida de la luz ejerce algo que me fascina, atrae a su vez un velo que de forma progresiva se extiende amortiguando el runrún de las cosas. Debe ser porque cuando todo calla te escuchas claramente de nuevo que amo estos momentos, sera porque en la oscuridad no hay asideros para las sombras.

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