Sublimación...


Opeth - Epilogue


Arañame con fósforos los ojos, en el espacio mismo donde nace y muere lo observado, haz de la herida la ventana reconocible para mirarme y de las manos confundidas en la piel, el mundo o su olvido.




A través de los desiertos en las noches calientes, el aire liquido y respirable se abre en oleadas por los conductos olvidados de los dedos, y ahí esta, la luna, intermitente en un cielo de negru
ra clara, abriéndose en flor de instantes, en el vértigo lento que regurgitan las insalvables primaveras en lo mullido del sexo.

Exudo palabras, en los círculos perfectos de la piedra y el agua, sobre el abismo del silencio bien entonado para numerar a cuantos poemas de distancia nos quedamos de lo que seria nuestro, a cuanto del rumor de nuestros infiernos derrotados por compartidos, a cuanto de quebrarse sobre el eco de la onda de choque. Y me saben a agujas dulces sobre la piel que claquetea, tus dedos, tus ausencias, aquello que se desprendió a jirones junto a la carne. Y me dejo en idearte, en rememorarte, en conformarte como el dormir del sueño, como el soñador sin parpados que relame lo azucarado del ayer momificado en los pasadizos de la memoria.

Te disecciono y magnifico mientras te masco lentito, conformando el necesario engrudo que reclama la poética de trazar, un sutil aliento, un caminar de hormigas mordiendo lo que enmudeció bajo el pecho.

Es la inmensa y estúpida crueldad del aspirante a hacer suya la poesía. 
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