Tras...






Tras la lluvia, un mirlo alborozado hace la tarde tan suya que pareciera que el amanecer se viene encima. Parapetado entre los arboles del parking atenta el imperio de la quietud con sus minúsculos pulmones, con ese cuerpecito gritón haciéndose saber, prevaleciendo sobre el sonido de los neumáticos en el asfalto mojado, sobre el tumulto que moderado retorna al hogar, al descanso. 

Lo observo, me alcanza, su canto germina en esa tierra que emerge y se dilata en mi, el paraíso que sentimos perdido le da acogida tras el paso de la tormenta.

Bienvenida a casa, me estabas preocupando.
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