Apuesta...







Maravillarse, hasta que el eco y las sombras de lo que se descompone en las calles sea ajeno, hasta que la intemperie en la piel enmudezca, que no deje ni un resquicio en las retinas de mendicidad, que el buscar la flor no acompañe el remover restos de cadáveres y nos duelan las manos cuando emerge el abrazo, que no pesen los dedos mancillados de tanta muerte hasta quebrar el revoloteo de nuestras propias palabras, y todo ya, se nos antoje con esa puta indiferencia de la que hacer gala. 


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