Y mira...



Zzzzra - Mecanographie Phase 2


Que complicado es detener la noche en una imagen, como una efigie mortecina de pura serenidad que nos salvaguarde de la mecánica cruel y ficticia que nos azota más allá del refugio que no alcanza el grado de hogar. 


El minutero es ínfimo en su discurso, y los días trascurren entre paradas de autobús y un conglomerado de retinas correteando frenéticas a golpe de necesidad. Días sin replica ni compensación, en un persistir, vaya a sucederse aquello de los brotes y la alerta previa a la inevitable combustión.

La ciudad se trasluce vestida de cansancio pese a su mascara centelleante y grandilocuente de vidrio y acero, lo denotan los carteles de "Se Vende" de"Se Alquila", aunque permanece postrada al rítmico bamboleo de miles de bolsas llenitas de prótesis momentáneas para vidas que se saben tullidas. Consumo, ergo sum.
La Gran Vía luce como un hervidero de abrigos corriendo de aquí para allá, presurosos en sus rutinarios presidios, intentando así rescatar algo de tiempo en que reclamarse como individuos en el placer.

A esta niebla le faltan condimentos para ser asible, para adquirir la consistencia de un muro franqueable desde donde ya, en su cima, alzar el vuelo lejos del asfixiante ruido del asfalto y entregarse, posibilidad del mundo, vomitando arco iris sobre sus escombros.

Escribo, y me resulta un discurso manido, retornar a mostrar un catalogo de la carcoma del alma frente a notario mientras parapetada tras la mesa de tu habitación el mundo te observa indiferente.

Y mira, sonrio.


Y los días trascurren...



El minutero es ínfimo en su discurso, y los días trascurren entre paradas de autobús olvidadas y un aglomerado de retinas correteando frenéticas a golpe de tarjeta de crédito. La ciudad se trasluce vestida de cansancio pese a su mascara centelleante, tras el rítmico y amenazante bamboleo de miles de millones de bolsas sobre las aceras rellenitas de prótesis momentáneas para vidas que se interpretan tullidas. Un desfile de pulsos enmohecidos bajo los abrigos corriendo de aquí para allá, presurosos en sus rutinarios presidios de afectos discontinuos y obliga estética en la moral.

Que complicado es detener la noche en una imagen, como una efigie mortecina de pura serenidad que nos salvaguarde de la mecánica cruel y ficticia que azota la vida mas allá de nuestros limites.

A esta niebla le faltan condimentos para ser asible, para adquirir la consistencia de un muro franqueable desde donde ya, en su cima, alzar el vuelo lejos del asfixiante ruido de las autovías y entregarse, posibilidad del mundo, vomitando arco iris sobre sus escombros.

Besos con fecha de caducidad humedecen mejillas bajo la marquesina, juguetean dilatando los labios que se necesitan purpuras sin tildes, exclamaciones o acentos... pero que probablemente serán enterrados en algún diario rosa o numerados sobre copas que sean inevitables de apurar. Se anudan brazos en una coreográfica inercia dos metros mas allá de mi, es Navidad, y los buenos propósitos son como el vaporoso encaje de una puta, un obligatorio complemento.

No se, esto me parece un discurso manido, volver a escribir es el retornar a mostrar un catalogo de la carcoma del alma frente a notario, un tramite, que cada día me parece mas sinsentido.
Bueno, al menos, hemos sobrevivido a otra estúpida Navidad.

La Susodicha.
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