Tus dedos...

Tienen tus dedos la precisión de desentumecer los nervios y hacerlos crepitar, aún cuando te declamas en la más glacial madrugada, evocas afán de carantoñas voraces, segregas el regusto almendrado de lenguas que anudadas se mofan del recelo, como si en cada nota te fueras en abrazar el absoluto.

La perversión es una linea discontinua para aquellos que temen abordar lo insondable de esos cosmos azabache, para los que no perciben la fulminante sensibilidad  que reside en tu retina ennegrecida, esos mismos que aplaudirán el silencio del ansia como tú obra magna y jalearan ante otro mundo dilapidado.

En fin, los pájaros parecieran empeñados en perseguir las estelas de un cielo demasiado nostálgico, así que, habrá que permitir la quietud en la ausencia y reservarse tanta gula para el próximo amanecer.




Ride



En la sugerencia del aire perfilando lo inexplorado, se edifica el animo que, aglutinado, da consistencia a la piel que se nos ofrece como amparo, y los kilómetros se suceden en la insuperable eufonía del rió embebido de si mismo, pleno de su exuberancia liquida, acariciado en el abrazo de su propio cauce, retoñando los espacios que quedan atrás con el ansia del que aspira dejarse ir en la voluptuosidad de un mar.




Sublimación...


Opeth - Epilogue


Arañame con fósforos los ojos, en el espacio mismo donde nace y muere lo observado, haz de la herida la ventana reconocible para mirarme y de las manos confundidas en la piel, el mundo o su olvido.




A través de los desiertos en las noches calientes, el aire liquido y respirable se abre en oleadas por los conductos olvidados de los dedos, y ahí esta, la luna, intermitente en un cielo de negru
ra clara, abriéndose en flor de instantes, en el vértigo lento que regurgitan las insalvables primaveras en lo mullido del sexo.

Exudo palabras, en los círculos perfectos de la piedra y el agua, sobre el abismo del silencio bien entonado para numerar a cuantos poemas de distancia nos quedamos de lo que seria nuestro, a cuanto del rumor de nuestros infiernos derrotados por compartidos, a cuanto de quebrarse sobre el eco de la onda de choque. Y me saben a agujas dulces sobre la piel que claquetea, tus dedos, tus ausencias, aquello que se desprendió a jirones junto a la carne. Y me dejo en idearte, en rememorarte, en conformarte como el dormir del sueño, como el soñador sin parpados que relame lo azucarado del ayer momificado en los pasadizos de la memoria.

Te disecciono y magnifico mientras te masco lentito, conformando el necesario engrudo que reclama la poética de trazar, un sutil aliento, un caminar de hormigas mordiendo lo que enmudeció bajo el pecho.

Es la inmensa y estúpida crueldad del aspirante a hacer suya la poesía. 
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