Muertos... (0,00)





El mundo ya hace tiempo estallo, y su defunción fue tan sonora como el silencio que le precedió. Murieron, el tu, el yo, y las palabras. Se desintegraron bajo la conspiración de letal sonoridad de nuestros ecos, se engarzaron sobre la transparente modulación de nuestros nudillos, nuestros hombros, muslos y sexos. Y ahora, se difunden en todas las direcciones atravesando los cuerpos opacos. Abrasaron la piel, el quebradizo refugio de la memoria y la nostalgia para abandonarnos mas allá de su grafía y, nos vemos, braceando, sobre el vértigo, sobre los charcos de vidrio y cemento, ajenos.

Hemos muerto, el sujeto, la entidad, ya no quedan metáforas, tan solo una suma imaginaria que escapa al concepto, adherida a las nociones que intuimos en el ser.. tras no ser. Y rotamos, como esferas sobre el aire encendido de esta tarde tan llena de luz, tan humedecida de inesperada lluvia.
Nos despeñamos del gris de las fachadas al encuentro de la calidez de la tierra, sumidos en la perfecta adherencia que germino intenciones en el ultimo aliento, en la llegada del vacío de la voluntad y del cuerpo.

Estamos muertos, tendidos, bajo los escombros de lo que fuimos, desfragmentandonos y respirando nuevas dimensiones impalpables a dos centímetros de un supuesto, del borgoña de las vísceras enraizándose en los inexplorados territorios, enmudecidos, como la brutalidad del rumor que conformo el universo. Inmersos, en una ilimitada negrura que aclama la clave del sol mientras nos descomponemos, y todas las cadavéricas estructuras se tornan proyectos.

Somos los muertos, la exquisita musicalidad del ayer descompuesto... la ternura de la muerte cediéndonos su seno, la ejecución de los miedos royendo los paladares enfermos en el anhelo.

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