Tras...






Tras la lluvia, un mirlo alborozado hace la tarde tan suya que pareciera que el amanecer se viene encima. Parapetado entre los arboles del parking atenta el imperio de la quietud con sus minúsculos pulmones, con ese cuerpecito gritón haciéndose saber, prevaleciendo sobre el sonido de los neumáticos en el asfalto mojado, sobre el tumulto que moderado retorna al hogar, al descanso. 

Lo observo, me alcanza, su canto germina en esa tierra que emerge y se dilata en mi, el paraíso que sentimos perdido le da acogida tras el paso de la tormenta.

Bienvenida a casa, me estabas preocupando.

3 comentarios:

  1. Qué extraño ese mirlo del que hablas y más aún ese habitar de la mirada en el mundo que abre. Un mundo que rompe la tarde en amanecida, el declinar se despierta renacer. Hermoso el detalle que describes. Una anécdota que, como decía el filósofo, se torna categoría. Buen día, buen día, buen día...

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  2. Siempre hay lugar para la esperanza, para la fuga y los sueños encarnados en ese mirlo. Saludos!!!

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  3. Ya se ve que no hace falta ser tan grande para ser Rey del Universo, como el mirlo... Un abrazo.

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