¿Sabés...?





Me nutro de atardeceres, de esa melodía decreciente que los acompaña y que deja al desnudo el tenue ronroneo eléctrico que emiten las ciudades ya anochecidas. A veces me pareciera algo palpable, una especie de ente que de aquí para allí, va haciendo suyos los espacios con esa oleada de quietud. Ralentizando el absurdo, acomodando la realidad a un lenguaje asumible que invita a rememorar y paladear claves silenciadas por el tumulto. 

Lo interpreto, así como un susurrador opalescente, un Que compuesto por brisas y remansos, y noches que aún no fueron presentadas al tiempo que me arropa, que se prende por los adentros cuando el cielo se desgaja en colores.

¿Sabés? Me encantaría atardecerte.

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