Aleación...




Como el roció del mes de mayo se entrega en las amanecidas, como la madrugada predispone al sembrador de galaxias a seducir a la misma luz, así como las flores chiquitas y asilvestradas estallaban ahora sobre los verdes, humedecidas y magnéticas, es que se nos prende rotunda la primavera.

Que bien te sienta la dejadez poblando tu cara.

Tras...






Tras la lluvia, un mirlo alborozado hace la tarde tan suya que pareciera que el amanecer se viene encima. Parapetado entre los arboles del parking atenta el imperio de la quietud con sus minúsculos pulmones, con ese cuerpecito gritón haciéndose saber, prevaleciendo sobre el sonido de los neumáticos en el asfalto mojado, sobre el tumulto que moderado retorna al hogar, al descanso. 

Lo observo, me alcanza, su canto germina en esa tierra que emerge y se dilata en mi, el paraíso que sentimos perdido le da acogida tras el paso de la tormenta.

Bienvenida a casa, me estabas preocupando.

Nos va a faltar...





Nos faltara una vida para sanar este edén petrificado, para detener las sombras desfiguradas en trascurso sobre los restos que se decidieron como nuestra historia. No nos llegara con una vida para asumir la marea imparable, espesa, que nos abrazo hambrientos de carne y gloria.

Sin el filo de la convicción sajando el hambre que gravita en las proclamas, las manos quedaran como lapidas sin nombre donde brotan las malas hierbas, si es que la hierba alguna vez fue mala.

¿Sabés...?





Me nutro de atardeceres, de esa melodía decreciente que los acompaña y que deja al desnudo el tenue ronroneo eléctrico que emiten las ciudades ya anochecidas. A veces me pareciera algo palpable, una especie de ente que de aquí para allí, va haciendo suyos los espacios con esa oleada de quietud. Ralentizando el absurdo, acomodando la realidad a un lenguaje asumible que invita a rememorar y paladear claves silenciadas por el tumulto. 

Lo interpreto, así como un susurrador opalescente, un Que compuesto por brisas y remansos, y noches que aún no fueron presentadas al tiempo que me arropa, que se prende por los adentros cuando el cielo se desgaja en colores.

¿Sabés? Me encantaría atardecerte.

Apuesta...







Maravillarse, hasta que el eco y las sombras de lo que se descompone en las calles sea ajeno, hasta que la intemperie en la piel enmudezca, que no deje ni un resquicio en las retinas de mendicidad, que el buscar la flor no acompañe el remover restos de cadáveres y nos duelan las manos cuando emerge el abrazo, que no pesen los dedos mancillados de tanta muerte hasta quebrar el revoloteo de nuestras propias palabras, y todo ya, se nos antoje con esa puta indiferencia de la que hacer gala. 


Hoy vi...



Pasea un muchacho de pelo espumoso y oscuro, con una especie de campo de gravitación rodeandole, visible. Lo miro apostada bajo un árbol, mientras desordeno los tiempos y los lleno de ecos fúnebres y arquitecturas sutiles.
Lo observó en su caminar alentado, en su trayecto a alguna parte acompañado por su música cuando sonríe, pleno, en un destello secreto que palidece en su cara cuando su mirar de burbuja se topa con mi retina, y como un niño descubierto en su locura infantil al que reprendieron, se pinta de nuevo la careta de grisácea indiferencia que exigen las ciudades.

Hoy vi otra estrella muriéndose lentamente en el firmamento.

Trinidad



Plaid - Ol

 Miércoles, acúmulo de ganas en saldo y esquina. 

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Y que las uñas hieran el cielo mismo de mis días, que aventada en la herida arda ya el ascua pálida de algunos poemas, como sarmientos de hiedra abrazando el fuego en su consumación.


Brote de "a media mañana" en cuarto de baño...

Plaid - Eye Robot


Nos han educado para ocultar la tristeza, como si fuera una deformidad del alma, un algo ajeno a lo humano, ese algo epidémico que muchos callan o maquillan. Y como si de la muerte misma se tratara, provoca reacciones variadas en el entorno del que la verbaliza. Unos toman distancia del afectado, otros lapidan la tristeza ajena con frases que posiblemente enmudecen la suya, frases engalanadas de un supuesto brillo y auto-conocimiento que los hace verse lejos de tan temida circunstancia, los hay que cargan con cierta crueldad sobre el individuo apesadumbrado, como sí les resultara insoportable esa muestra de debilidad, también los hay que besan la tristeza de otros, que la alientan y nutren, incluso idolatran, ya crearán así la forma de su propio pesar y realizaran el viaje que no se permiten. 
Quien acepto su dolor, su penar, sus incertidumbres, quizás solo aquel sea capaz de permanecer, de no tratar de extirparla como si de un bubón de peste en la edad media fuera. Quizás quien bien te ama, te vele y arrope con su calor, y rompa el silencio una vez tras otra para que percibas que no estas tan solo, y que como apunta todo este magma de tránsitos, pasará.

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