De esas nostalgias mías...


  Y tras los alientos hiriendo el maldito nombre de todas las madrugadas, el enjambre que suspendido entre las vísceras hacen del verbo silencio o clamor se propaga, como el rumor de un vuelo abriendose paso entre la quietud que ahora doblega las sábanas mancilladas con el apetito de las bestias.

 Se acusa el presente en la propia distancia, y yo, me quedo transitando los perfiles de la ciudad ajena, arañando esa indescifrable promesa que el horizonte desdibuja en los paisajes inacabados de este amanecer donde se me acurrucan constelaciones entre los brazos al mismo tiempo que el cigarro se apura, ya que si el instante se hubiera detenido en nuestras manos.

Y hay en la flor voraz lo que reboso y el vientre dio asilo, el hogar de lo que bien podria llegar a ser adolorido y a merced de todos los apetitos. Están los restos de una muerte que florece en la mecánica de lo fulgurante, como esos astros muertos que la memoria de los cielos mantienen sobre las bóvedas opacas de nuestros vacíos, así, en esa indiscutible brevedad renacera la luz de este ahora.
Queda del otro lo que asciende y desciende, hasta y hacia, el recuerdo de un olor y la desmemoria que gotea entre los muslos su tibia derrota que con neutralidad narra esta cama desordenada, este estar que nos resguarda tras tornarnos aguas, y el claudicar, de nuevo, en ese crepitar de los nervios que obliga al dia a tarde que se descubre anochecer inmersos en esta jauria de hambres, en este enmudecer la sangre a dentelladas sobre los espacios concedidos entre las claviculas.

Y en el después, esa brevedad del instante complacido frente a este gravitar inapelable sobre el abismo, y más tarde, a veces, la torpe trascendencia de las palabras como sudario a los lenguajes elementales.

Que nostalgia tan mía... la de a borbotones pretender detener el aire.
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