Blanco perfecto...



En el verso que no escribiré, en los cuentos merecidos que no te contaron, las perfectas balas que hicieron de  miserias, poesía...  se propagan. En la recamara, ajenas a las lenguas livianas, sin filo, incapaces de formar zanjas en la piel, esta toda la luz que me hace blanco perfecto de cafés fríos, de cazadores apostados en las cunetas del quizás  buscando redención en la lucha, amilanados, parapetados en la desigualdad, insuficientes para el cara a cara, quizá inteligentes, posiblemente vencidos por el sonido estrepitoso del hastió, vacíos sin inspiración en resumen.

 No podrás alcanzarme, roto a velocidades impalpables para quien  no duda de su experiencia y dilatándola mas allá del ahora que fue, la nombra certeza o clarividencia. Que estupidez... ¿No te parece?
 Suponer que conoces todos los pasos cuando nunca te dejaste ir sobre el rumor de la hierba, sin dirección.

Ay, petulante animal domesticado no intuiste ni por asomo lo que supone ser de permanente arcilla.

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