Consúmeme así...




Llevo cuarenta y cinco minutos merodeandote por mi ahora inconcluso. Agazapada en el suelo tras el sofá, mientras observo como el día muere apuro otro trago y dejo que el tiempo se me escurra entre los dedos. Te bebo y comulgo con la esencia de mi carne, con el esperma moribundo que perfilo las iniciales de tu nombre.. No quiero tejidos que me enmascaren, solo la fragilidad de este cuerpo sometido al paso del tiempo. Necesito sentir el atardecer dorando la desnudez que le ofrezco, deleitarme en la tibieza de estos últimos rayos  que se filtran por el ventanal y resguardarlos del paso del tiempo en mi, en los pliegues húmedos de mi sexo. Que te invoca, recita y escupe al musitar palabras a mi reflejo.

El día sodomita se cede a  la luminosa oscuridad, todo un cromatismo fluye de nuevo y me invita a desperezarme y despiojar toda ficción, a rasgar las paredes de mi atalaya hasta que me se desprendan las uñas de los dedos y volver a tornarme vulnerable para entregarme a la volubilidad de nuestros alientos enredándose y poniendo patas arriba el mundo.

Asceta de todo esta orgía de neones y cemento, donde me inculcaron sueños a los que no me debo, he profanado tantas veces secretos al roce de mi boca que tuve que tornar tu cuerpo santuario donde reside las claves donde se fuga toda lógica y las aceras se desintegran de pura certeza y entrega.

Abandonada  al otro lado del horizonte invadido por los edificios, me restriego contra los vidrios añorando la dulce contención de tus dientes, el vértigo de la mirada que desgajandome me habita y da paso a esas yemas cargadas de ambición  por redescubrir el sonido torrentoso de la sangre, enfermas de empeño por devorar este cumulo epidémico de emociones que te anhelan en la densidad de este silencio que es compañero perfecto.

Consumeme así, ebria y lasciva, con el eco de todos los pasos que nos mortificaron hasta llegar hasta aquí, aliméntate de mi delirio, de cada requiebro de mi piel serpenteando por la indignidad de un suelo prestado e infecto del  rumor de la ciudad y su trafico. Provocame el placer mezclado con el gemido animal y el llanto, que se pierdan mis sombras por todas las avenidas de esta ciudad rendida, sorprendeme con la profundidad de tus heridas.

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