El sueño del verdugo...


Ingrid Michaelson - Creep

 El peligroso silencio entre los labios del que inesperado se descubre boqueando, en esa distancia medida del otro, absorto este, en la crueldad  infantil  del que trascurre por lo indescifrable de la ausencia invadiendo esos ojos de espejo empañado. No puedes hacerte una idea de cuan desnudo te ves a través de quien ausculta las sacudidas sobre un muelle sin mas ruidos que el eco de las olas que ya quebraron y son futuro prestado en el rompiente. Y ya, ni apenas los gritos espumosos del viejo loco que perdió el norte en una pocera del este, sacudiéndose el sopor bajo los pies de la virgen consumida por el salitre, (de la que tú no lo sabes, pero yo enseñe a besar) logran abstraerte de la concesión que otorga el mirar y percibir mas allá del juego de luces y escamas, cuando surge el contrapunto del gemido en lo convulso, en esos labios cargados de la mentira oportunista y sofocante de quien sabe en sus días que, las sombras jamas fueron capaces de respirar y sin embargo no puede evitar el metódico intento..

En las lineas paralelas, la niña y el pez a la deriva en su agonía pudriendole las tripas, troquelando efímeras escenas sobre la madera mientras se reseca expuesto a la escasa teatralidad de un día nublado, y él, sueño de verdugo en tiempos pasados, ahora se descubre anhelando la clemencia de un buen golpe en el cogote que al menos lo rescatara de la forma atroz de quien lo mira desde un extraño mutismo. Ahora ansían que lo sirvan eviscerado, como delicia, como esa pieza simetría que eleve el menú de alguna avinagrada marisquería, a soportar tanta apatía.

Esa niña no podría asegurarte si te prestaría sus labios o el gesto de sus manos, esta inmersa en descubrir el trasfondo de las tripas.

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