Asilados en la memoria..


Aventuremos que amar aquello que te contiene, por extensión a la musicalidad de los paralelismos que precariamente nos definen, no es citar al viento y dejarse estar en la firmeza de las arenas, de ese tiempo movedizo que compondrían tus manos en lo sutil del castigo. Y ser, y ver, la llama viva de tus ojos cambiantes azuzados por las bestias, lo terso de tù hambre cuando engorda mi nombre entre las ingles y  escupe sobre yo paredes, el cumulo de huesos molidos que te conforman y te hacen presente, erigiendote ya, como un asilado en mi memoria..

Las mesas que cojean...

 Puedes leerte todos los libros que te recomienden, te dejen o seduzcan. Puedes aprenderte de memoria frases y pensamientos de otros para calzar la mesa de tú vida que viene cojeando demasiado. Que no esta basada sobre la madera que produjo tú propio pensamiento. Puedes hacer todo eso, si ya decidiste, que no andarás como lo hacen los niños, con la torpeza del iniciado y abierto al asombro, que no berrearas insufriblemente hasta ver satisfecha tú necesidad, que no pondrás en funcionamiento las estrategias que te aproximen al objetivo y  no aceptaras de antemano la posibilidad del error que te otorgara grados. Que te refugiaras en la derrota de vivir tu tiempo y las experiencias que te pertenecen en una especie de manual que jamas sera el tuyo. Puedes acaparar mil datos que te nombren de cara a otros como un ejemplo de erudición... detalles irrelevantes realmente que te aportan ese ficticio brillo de sabiduría.

 Humo y niebla... nada. Memoria prestada...¿No?

Retalistas, si quizás no se engendra la firmeza de ese hilo a base de fricción con la vida para que lo componga en lo reconocible que nos abrigue.
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