El síndrome de la nostalgia de lo que...



Supongamos, que el síndrome de la nostalgia no es lo que destila ese sol que se desploma en este atardecer, lo que no es, y aún desconociendo el ser se perfila más allá de los edificios y las montañas. Que se enreda por las tripas como la llamada del frente a frente en un prolongado siseo provocando el escándalo en plena tarde. Figuremos un allí, ahí, en el bajo vientre de los nervios resecos donde amenaza el deseo, en el refugio temporal donde no alcanza el olvido y sí,  los mórbidos tentáculos de la memoria haciendo trenzados de hojas y salivas, dinamitando la orfandad, dando expresión a la carne que se pudre de puro hambre.

Negarlo seria amputarme las manos, desligarme de la luz dorada y pálida que cubre las tardes de este abril, aceptar la renuncia en  los arañazos sin replica en las mudas, y dejar fenecer ese universo permeable que cita  la agresión de lo que entra en comunión cuando algo se vuelve flama y las sabanas enredadas son la cartografía errática de lo que se ansia.

Supongamos, que no estuviera hablando del deseo y la pasión, que esto solo fueran poco menos que el filo preciso que tienen algunas palabras... Que afirmara, y en realidad no cuestionara.

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