La dulce y sucia alocución de la entrega..


 Mentes tactiles en la dulce y sucia alocucion de la entrega, exprimiendo la vida contenida en los delirios que se dejan entrever, a ratos.


No quiero tu mirada vaporosa y azul, no solo a ella, obsevando lo infinito.Quiero la llama viva en tu retina, el hambre implacable del que se toma sus derechos.  El caminar entregado del que beso la muerte, se la follo y la hizo suya y  ya, no le queda mas espacio para el miedo, si acaso, para ser expoleado por  la sensacion de que era demasiado pequeño el plato para la poca carne mereciendo el respeto del hambriento.

Así que mírame, atraviesame el pellejo de diablo que he formado con buenas costras, quiebra el espinazo de la bestia y sientala en tus rodillas, arrullada con el aliento que toma el aire para tornarlo gemido. Arrastrala con los dedos inhundados de dulces, que te muestre su paladar de rossa, su secreto carnivoro, el pasadizo al olvido. Y si te atreves, desposeela de  la luz enfermiza de esos colmillos de leche que le implanto la luna en las horas fugaces que definieron las epocas. Y recoge tus recuerdos... todos llevamos exceso de peso.
.

“Sorprendeme”dijiste



Sorprendeme”dijiste, embebido por  la dureza de tu polla aniquilando cualquier atisbo de consciencia en tu saturado cerebro bañado en evasivos.“Sorprendeme “, soñandote el pretendido dios agasajador del mas puro semen que bendecirá el mundo. Todo mientras caías preso de la rojez de mi pequeño infierno receptivo, todo mientras movías pausadamente tu pene al compás de mi sexo expuesto a los pies de tu cama, al capricho de la luz de tu dormitorio confabulándose con los secretos que pretendías revelados bajo mis pestañas. Que estúpido y que sencillo resultaba manejarte a mi antojo, que simples eran tus mecanismos de activación. Cuan permeable la estructura que concebiste para tu caparazón revestido de la grandilocuencia de un charlatán que vende su vida en cómodos plazos al postor que mas decorara su puja. Abrí las piernas tanto como me permitió esa puta postura con la que empezaste a perder el control... Elástica como una muñeca, desdibujada como una fulana bajo la lluvia en tus ojos ebrios. Tintados de carmín los pezones dispuestos a rescatarte, a retrotraerte hacia la infantil sensación de ser inmune al desconcierto del mundo. Así me hice presente en tu dormitorio sin ningún objetivo aparente, solo era lo que tu presuponías, otra hembra mas buscando la decapitación momentánea de la razón dispuesta a habitar parte de tus recuerdos.


Visitabas con asiduidad aquel lamedero de egos en las que os bañabais en tributos fáciles sin ningún objetivo mas allá de la lustre de vuestras miserias aderezadas de un buen vino. Yo era ese par de tetas que decoraba parte de la barra en la que tomabais parte en la amputación de los males del mundo, la vulgar camarera a la que acudíais en la pesadez de la rutina para alimentar vuestros momentos pajilleros, el trozo de carne anónima al que acuñar los mil anhelados vicios, las mil desconocidas virtudes con los que exorcizabais vuestra hueca existencia enferma de vanidad. Colándoos furtivos en mis amables escotes, dejándoos sacudir en los entretiempos de nada sobre el vaivén de mis caderas, el supuesto florero carente de discurso interior que soportaba vuestras babas a cambio de una nomina y un par de pagas.


Supe leer en tus miradas los viajes de ego a través de muñecas rotas, gustabas coleccionar las miserias de sus cadáveres en tu memoria ansiada por detener el paso del tiempo en una eterna lozanía, un burdo animal herido y reseco acaparando porciones de la vida que destripabas para acallar el dolor no asumido. Ese era el verdadero hambre de tu viciado sexo... Un absurdo maniaco al que desee en silencio mientras os llenaba los vasos de crianza. Eras lo que se llama un hijo puta con clase, ese lobo encantador que sabe someter a las ovejas cual juguetes, manejabas bien tu verbo cargándolo de sucias intenciones, sabias remover la negrura viciada de los interiores del dormitorio fingiéndote a ratos desvalido, mostrando al niño maldito por el abandono en una perpetua noche azul. Pero hoy estas aquí para mi, sometido a los matices difusos de mi respiración, leyendo con avidez la mas mínima cadencia de mi cuerpo del que ignoras las verdades que no fuiste capaz ni de imaginar.


No necesito percibir ningún gesto asertivo, ni tan siquiera el eco embriagante de tu modulada voz para saber que te complace la escena que estaba azotando tu retina. Así que me arrastre hasta el escritorio de cerezo donde creabas endiosado aquel universo decadente a golpe de tinta y de música de Haendel, sobre la sucia moqueta bañada de whisky añejo y residuos de antiguas guerras, coreografiando la derrota para ti. Agarre la pluma del siglo XVIII que decoraba tu mesa imparte verdades, y empapándola de mi flujo carente de titulación, la impregne de los restos de farlopa que se extendían caóticos sobre la rojiza madera y me erigí, con el poder asumido de una cortesana y con el objetivo de darte de beber el elixir de tu realidad sobre el filo de tu propia arma, todo tu universo desde la generosidad de mis manos.



Te deleitaste cual niño con un trozo de chocolate, lamiéndolo, tragando las claves de tu pretensión de trascendencia que tuvieron a bien compartir nuestros labios antes de dar salida a ese otro tu. El que me arrastra al abismo de su mirada, con su pulsiòn animal desgarrando mis entrañas mientras me folla con ansia de derrota castigando mi carne contra el escritorio, como pretendiendo espolear la velocidad que desmadeja mis arterias, invitándome al extremo del abandono, a ser otra estúpida muñeca difícil de diseccionar. Pero no, estar tan lleno de supuestos que desearía certezas, te deja en clara desventaja.


Me libero de la asfixia del abrazo y recorro tu cuerpo bañándolo con esta saliva enferma de poesía, deposito sobre el delirio en el que te balanceabas mi mas hiriente ternura. Anudo mis piernas sobre tu abdomen sacudiendo los cimientos de tu mundo, deteniendo la inercia de tu corazón ajado al ritmo de mis muslos dispuestos a ahogar la rabia entre las paredes de este coño decapitando el paso de tus noches tan llenas de ti. Tus ojos respiran agónicos mientras continuo ejecutando cada una de esas sombras que hiciste tus compañeras.


Hay un cierto ademán suplicante en la forma de aferrarte a mis caderas, una petición que adquiere forma cuando tus manos toman las mías invitándome a acallar el aire de tu garganta. Y lo hice, percibiendo en pulso vertiginoso de tus desgarros en mis yemas, hasta que el blanco en tus ojos y la contundencia de tu deseo murió en mi interior, y el eco escandaloso del ayer fue acallado por el torrente de nuestros flujos que murieron cómplices sobre las sabanas.


Te observe desde la puerta, mientras dormías con la indiferencia de un niño complacido, ajeno a las reglas del juego al que ahora te debes, sabiendo que me buscaras como esa nueva intensidad que dibuje otro mañana saque el móvil y atrape la belleza del momento. La calidez de este amanecer veraniego sobre tu cuerpo desnudo, yaciendo boca abajo dibujando un ondulante paisaje emanando serenidad donde la maltrecha pluma victoriana emerge de entre tu pretencioso culo, y junto a ella, en carmín, mi numero de teléfono.
He dejado una nota en tu señorial escritorio, que reza. 

“Hoy fuiste mi puta...”y del resto, creo que ya hablaremos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...