A jirones..


 Tras los encajes y  juegos de bolillos de las noches en que las paredes supuran silencio, agazapado, acechante, hay un animal nostálgico sintiendo el escalofrío que parte la espalda hasta postrarlo de cara al viento.

En medio del bosque los animales se sueñan indomables, con la memoria de los músculos tensos agreden la pretenciosa tristeza de los arlequines. Respiran la catástrofe de sus heridas abiertas, saborean el color de la cólera llenos de amor por la duda salvaje, en espera, que al ayer se le haga costra y reanudar la batida por los límites de los otros, desordenados.


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