¿Desde dónde...?


¿Desde dónde se precipitaba el eco de atemporalidad que suspendía las partículas mas allá del aqui, que confluidas en brisas, anidaban bajo la piel tornando la inercia en efervescencia?

Que inquietante la intromisión solar para el mundo blanquecino que cargamos a la espalda, para la quietud de las tardes de invierno en que apenas queda empuje para liberar el resorte de la inmediatez, y no mas que un mascar de instantes nos sucumbe y solo queda esperar perder tanto juicio.

Y tras escribir esto, ella, con los dedos rígidos continuo ordenando facturas y delimitando la forma de como acometer el laberinto del próximo mes, tarareando su matraca de abracadabras a  los niños tullidos que fueron sacrificados en el patio del recreo.
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