Space Jump

A unas cuantas pulgadas de mis dedos se extiende un horizonte ignoto y glacial, un misterio de belleza embriagante que permanece indiferente a mi, a la incertidumbre de esta porción de desechos de estrellas resistiendo en este cubículo al capricho de sus fuerzas.

La noche pende en bucle sobre un océano inabarcable por la razón. Todo es demasiado inasible como para no rendirse al vértigo de lo relativo, mas cuando lo reconocible se condensa en una minúscula esfera azul convulsionándose a tantas vidas de distancia.

He pasado las ultimas seis horas absorta en la ficticia quietud del espacio, enhebrando silencios nostálgicos en los que tu piel era el pretexto que daba persistencia a la esperanza, pero ahora, me encuentro resignada frente al cuadro de mandos enloquecido ante lo imprevisible, turbando la parsimonia de las partículas que me acompañan en esta travesía, en esta danza de nebulosas distantes centelleando, susurrando algo difícil de descifrar.

Solo aquí se experimenta un tiempo que cautivo e ingrávido se gesta para luego formar parte del fuselaje. A cada minuto la situación se me asemeja mas a una estampa glacial de la que formare por siempre parte, como un insecto en ámbar, como algo extinto que no concluyo su ciclo y que ni tan siquiera merecerá la atención de un futuro asombro, un intento fallido flotando en la inmensidad de la nada.

El universo trascurre y me infiero tu recuerdo mientras gran parte del oxigeno contenido junto al nitrógeno se extiende por el vació creando sutiles formas, una aurora evanescente y trágica seduciendome con la irreversibilidad del hecho que escupen los motores principales, la certeza de algo que ha de acontecer.

Resulta irónico, contemplando el espacio a través de esta burbuja metálica admitir la posibilidad de impacto frente a esta negrura vacante, en la que las promesas son estrellas pulsatiles, danzantes y ejecutoras de una perfecta sinfonía. Me siento victima de una burla macabra, de una mofa organizada para atentar contra cualquier altisonancia, y el zumbido oscilante de los sistemas de alarma de la nave, una carcajada cruel que se prolonga demasiado.

Necesito tu prevalencia sobre la asfixiante y desconcertante circunstancia que me envuelve, eres el pensamiento irracional que se escapa a toda ecuación fluctuando por mi cuerpo, las moléculas simples purificando la densidad mecánica que me rodea, la variable que logra cambiar el ritmo de esta danza avocada a un caos sin trascendencia invitándome a respirar.

Soy un derviche rotando a una velocidad incierta sobre su eje, un fragmento malversado de vida extraviándose próximo a los anillos de Saturno, sintiendo el ardor del hielo en los labios cuando comienza a percibir como la falta de oxigeno altera su conciencia.

Me puede este reservorio vital, las paredes parecen reblandecerse mermando los compartimentos y los indicadores latiendo frenéticos el eco de mi propia angustia que reniega de la resignación. Toda la grandilocuencia de este artefacto, su pulcritud, se me descubre como un pretencioso nicho en el que ceder a la imperfección de la materia.

Me he percatado, en uno de los monitores, de la presencia de un cúmulo gaseoso que emite unas lecturas y señales desconcertantes, como una fisura neblinosa en este continuo, y lo mas extraño es que he creído intuirte, percibirte entre un conglomerado de minúsculos cuerpos que rotan a tu alrededor buscando el contacto con tu magnética atmósfera. Es posible que delire, el porcentaje de oxigeno esta bajo mínimos y mi cerebro nunca fue capaz de escapar a su condición, pero mi voluntad ha decidido escribir el próximo pasaje de esta historia.

Nunca he sentido mas vida pidiendo paso dentro de mi que en el momento de decidir saltar desde el muelle carga hacia el abismo de lo inexplorado, en la revelación de lo univoco sin lo irreparable que lo acompaña, de la entrega en virtud de la desintegración.

Es extraño percibir la obscenidad del cosmos abrasando este caparazón al cortar el cordón umbilical, el nexo metálico que me mantenía ligada a lo conocido y sentir, como cualquier concepto anterior a esto, se descompone sobre las nebulosas que se intuyen en tu piel.

Ya no hay miedo, a perder las constantes, a ser o no, cuando activo los inyectores de propulsión dirigiéndome hacia tu órbita. Solo un instante, un instante indisoluble fugada de cualquier ley que limite mi esencia.

Hola amor, ya estoy en casa.


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