Caricatos y letras



Tú, riendo y llorando en este cuarto ridículo donde cada palabra te sirve de sudario. Haciendo malabares con diminutas bolas de fuego bañadas en alcohol. Tecleando epitafios mientras numeras espectros que la luz del trafico forma sobre el techo. Como si de un proyector olvidado te trataras, tatúas escenas sobre las paredes una y otra vez al borde de la demencia consensuada con tus muebles.
No hay risas de niños, ni primaveras insinuándose en tus retinas, ni manos lascivas sacudiendo el dolor, tan solo el eco mecanizado y eléctrico de tu memoria devorando las horas.
Tu, y el peso vacilante de tu sombra en ademanes de galán derrotado que se jacta de haber domado al dragón en el fondo de una botella. Atorado en tu propio melodrama, te miras en el espejo de tu camerino, y como si todos te esperaran apuras el ultimo trago.

Febril te tintas los ojos de tinieblas y ansia. Emulas una sonrisa, enmarcado entre antiguas fotografías, que ahora se desdibujan como el reflejo que el tocador te devuelve. Relees las desesperadas lineas que rumias una y otra vez cuando la vida no te sabe a nada.
Ironía azabache sobre sus labios cuando el mimo proscrito comienza a declamar, y se inflama el aire de música pervirtiendo al silencio de la barriada, y el rumor agónico del miedo a sentir, es amordazado por una prosa encolerizada que a ratos, lastimera y blasfema, reta a la imperfección de la esperanza sobre el alfeizar de la ventana.

Estudiaste la vida, memorizaste los actos deplorables de la humanidad y aprendiste el credo de miseria, crueldad, injusticia y prejuicio con el que forjaste tus propias cadenas sobre ese nicho hipotecado que con piadoso engaño, llamabas bastión. Ese lúgubre escenario donde solo das cabida a desentrañar la aritmética de la belleza que no logras apresar y te follaste encabronado a la soledad. Poeta siempre, caricato a ratos, mimo y charlatán trasnochado. Loco del extrarradio.

Hoy te preparas para realizar tu acto mas espectacular ante esa multitud pasiva y expectante. Te ajustas el traje raído y gris como la misma urbe, y maldiciendo a los astros te lanzas a escena. Como si pudieras abrazar tu cuerpo contra esos millones de partículas que forman el aire te dejas caer de la ventana. Te precipitas absurdo y arrìtmico, desfilando por cada una de las curiosas caras que asoman de los pisos de tu edificio mientras persistes en tu abrazo , como si esperaras abrir una brecha hacia otra esfera. Deseoso de atentar con el orden gris de la ciudad, hoy darás tu personal toque de color sobre el sucio pavimento que con suerte te acabara por besar.

¡Bon voyage vecino! Hoy celebrare tu vida.


Follarte...



Soldout- The call

¿Te han follado..? Sin corrosivas humedades, copulando con tu imaginario personal, provocando la embriaguez de la locura, sodomizado por esos destellos de plenitud.
Una imagen, una simple imagen, fruto de un puñado de palabras que penetren en ti y provoquen un latigazo desde la base de tu cráneo a ese lugar marmoleo de tu inconsciencia. Una dosis letal de sonoridad, como una corriente de ácido lisergico que resquebraja las estructuras pétreas de la lógica y, las torna un puñado de arena que contemplar sobre tu mano.

¿Te han follado así? Sin la voracidad de la piel, con una combinación armónica sobre la que danzo todo tu mundo inanimado, entre convulsiones de placer y anarquía, mientas percibes como tus latidos y tus vísceras se estremecen ante los nuevos puntos erogenos de tu alma y a horcajadas, sobre los delirios, brillantes o febriles del artista cruzaste al otro lado de tu propio reflejo. ¿Si?

Pues bienvenido, voyeaur de los malabaristas de lenguas, cómplice de los asesinos de sórdidas rutinas, bulimico de vidas prohibidas. Estas en el gineceo o andron, de los buscadores de sensaciones, en el averno de los conocedores de lo imposible e irreductible de los deseos y los recuerdos.
Enhorabuena, ya eres un perro puta del arte.

La Susodicha.

De cromáticas desnudeces..


Moby-Porcelain


Sabe una lo complicado de pincelar un escenario con palabras, lo reconozco cuando en muchas ocasiones pretendo componer esa melodía cromática que se desnuda velada por nuestro lenguaje, intentando trasgredir la férrea forma de este, y dejar fluir la impalpable esencia que nos habita. Las limitaciones son tan nuestras como los matices de nuestras emociones, como nuestro arsenal de conocimientos o habilidades. Por supuesto, me refiero al comprometido ejercicio de la escritura, aunque me resulte casi imposible desvincularlo en mi mapa personal a los mismos trazados que recorren la música o la pintura. Siempre que observo un lienzo de Monet, no puedo evitar cierto estremecimiento, muy similar al que te invade cuando reconoces en una mirada o en la cadencia de unas palabras eso que definen como afinidad. Hay algo en esas pinceladas ajenas a la precisión, que me invita vibrar en una sensación de plenitud mucho mas duradera que los pequeños encontronazos de comprensión con los que con suerte te puedes topar en el día a día.
¿Sera esta la adictiva magia del arte, la belleza que sublimada permanece queda en un momento casi perpetuo, pudiendo acudir a ella en busca de esos pellizcos al alma, de esas sedantes caricias que nos hacen renacer en un ahora mas amable y con un ápice mas de fe? Al menos esta tarde si, hoy reniego de su forma convulsa empujándome a trasgredir mis limites, hoy simple, me apetece reconciliarme, recordarme cuando de topetazo el azar te guiña el ojo.
Hoy me senté frente al teclado con la inquietud que acompaña a todo tejedor de lenguajes, me aventure a la caza de alguna imagen por la red mientras a través de mis cascos un piano se funde sobre una base rítmica que enmudece a ratos, un latido acompasado que genera una atmósfera casi ingrávida que me permite dejar que mi pensamiento se comprima en estas lineas que desconocen su objetivo. Y apareció, como surgen las tempestades que ponen patas arriba nuestras vidas, imprevisto y voraz, toda la obra de Monet impregnada de ese aliento liquido que traspira. Y me sentí de nuevo seducida, como cuando de niña me sobrecogí ante aquellas imágenes que emergían del libro de sociales y que almacene durante mucho tiempo en los espacios de mi vida. Siento cierta desnudez frente a la hoja en blanco, pero no es hiriente, es una entrega consentida al amante simétrico que desprende de ti cualquier condicionante o motivo. Es un átomo de perfección escapándose del tiempo, abriendo una grieta hacia otra realidad en tu propia esencia.
Lo miro, y me adentro en ese atardecer invasivo que detona bajo una bruma crepuscular que viaja a lo largo del cerebro evocando adormecidas estelas de mi “yo” no sugestionado por el pensamiento, y el gozo que nace , me empapa del indefinible dialogo de naranjas que, entre una nebulosa armónica logran que la parsimonia de la tarde se convierta en una obscena descarga de emociones. Todo la magnitud de un ser azotado por escalas de sonido, por unas simples notas reiterándose indefinidas frente a las pinceladas que conforman una imagen que carece de margenes salvo los del color invitando a el que lo contempla, a definirlo con pedazos de sus emociones. Una nada diluyéndose en energía, espolvoreándose sobre el tiempo que sus dedos perfilan los contornos de una sensación que brota y quisiera atraparla por siempre. Es mi personal dialogo con los objetos, con esta a ratos desconocida que soy yo.


La Susodicha
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