Toda, en mí...


El chasquido de tu tos de feria, agujerando la tarde del que sabe de las puertas y las deja entreabiertas a la torpeza de caerse por el cuerpo que le es dado. Toda en mí, libertad, de mejillas embarradas. 


 
 ¿Que remedio es un paño caliente sobre una hemorragia? Y permanece, la sombra de la niña apostada en la niebla, observando el camino de costras que son sus rodillas, con los ojos fijos en el horizonte.

Lamer los restos de entre tus dedos, cada surco como yeso reseco de las flores sangradas en el ayer. Y es más, respirar ese palpito de hierba medida, denunciandote, como otro cocodrilo apostado en la poza del zoológico ajeno a el vuelo inconstante de las mariposas, y aun así, pretenderte yesca que sugiere arder.

 Despiojar una flor, asfixiarla entre las manos, no hace mas miel que para la boca del poeta amamantando la reconocible nostalgia, pulverizando la belleza a su paso, arañando, por un momento la victoria en la clemencia.


Pero créeme, ella no entiende si debe correr.


4 comentarios:

  1. ¿Hacia dónde?

    Sí. Tal vez hacia sí misma.





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    Respuestas
    1. Tal vez... vete tu a saber.

      Un beso, Mi..

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  2. Ni en la boca del poeta, apretar en exceso es asfixiar, aunque sea una flor o el mismo aire, hay más miel en el aire que corre que en que se queda en nuestros pulmones.
    Un besote muy grande.

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  3. Ya, pero somos parásitos.. ¿Que seria de nosotros sin aire, Angel?( Brote de abogada del diablo...jajaja)

    Un besote igual de grande.

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