Fragmentos de nadie...

 


 Las manos de memoria, las simas y los paisajes lunares de los ojos, la gravedad que hace de la costa en el reverso de tu frente mareas, los verbos que inflaman la lengua ojerosa  prestandose a otras huellas, redescubriendo el pulso de las estaciones de ida y vuelta.

Apostar,  los huesos esquirlados y bermejos,  la polvora que emerge de los costados desgarrados, los kilos de distancia consumidos al habitar otra piel. Arder, en el retinar agudo de las mañanas, dolerse, en el enjambre enfervorecido del utero maldito conjurando los paisajes verdes, bajito, en susurro de niño huidizo que sabe de ausencias. Escuchar, lo intimo de las entrañas en el desnudarse del agua sacudiendo la indiferencia de las aceras grises, lo armonico, de ese torrente que barre los restos de la muerte.

El asombro, ese tiempo, donde el fracaso que sabemos en la trastienda es tributo al incensario quemando los pulmones con el exotismo de las criaturas que olisquean de nuevo el aire y citan, jalean e inducen a los vientres radiactivos de las nuevas bestias al estremecimiento.

Esas cosas que suceden cuando iridiscente, sangra alentada la carne esos fragmentos de nadas, quiero.

Consúmeme así...




Llevo cuarenta y cinco minutos merodeandote por mi ahora inconcluso. Agazapada en el suelo tras el sofá, mientras observo como el día muere apuro otro trago y dejo que el tiempo se me escurra entre los dedos. Te bebo y comulgo con la esencia de mi carne, con el esperma moribundo que perfilo las iniciales de tu nombre.. No quiero tejidos que me enmascaren, solo la fragilidad de este cuerpo sometido al paso del tiempo. Necesito sentir el atardecer dorando la desnudez que le ofrezco, deleitarme en la tibieza de estos últimos rayos  que se filtran por el ventanal y resguardarlos del paso del tiempo en mi, en los pliegues húmedos de mi sexo. Que te invoca, recita y escupe al musitar palabras a mi reflejo.

El día sodomita se cede a  la luminosa oscuridad, todo un cromatismo fluye de nuevo y me invita a desperezarme y despiojar toda ficción, a rasgar las paredes de mi atalaya hasta que me se desprendan las uñas de los dedos y volver a tornarme vulnerable para entregarme a la volubilidad de nuestros alientos enredándose y poniendo patas arriba el mundo.

Asceta de todo esta orgía de neones y cemento, donde me inculcaron sueños a los que no me debo, he profanado tantas veces secretos al roce de mi boca que tuve que tornar tu cuerpo santuario donde reside las claves donde se fuga toda lógica y las aceras se desintegran de pura certeza y entrega.

Abandonada  al otro lado del horizonte invadido por los edificios, me restriego contra los vidrios añorando la dulce contención de tus dientes, el vértigo de la mirada que desgajandome me habita y da paso a esas yemas cargadas de ambición  por redescubrir el sonido torrentoso de la sangre, enfermas de empeño por devorar este cumulo epidémico de emociones que te anhelan en la densidad de este silencio que es compañero perfecto.

Consumeme así, ebria y lasciva, con el eco de todos los pasos que nos mortificaron hasta llegar hasta aquí, aliméntate de mi delirio, de cada requiebro de mi piel serpenteando por la indignidad de un suelo prestado e infecto del  rumor de la ciudad y su trafico. Provocame el placer mezclado con el gemido animal y el llanto, que se pierdan mis sombras por todas las avenidas de esta ciudad rendida, sorprendeme con la profundidad de tus heridas.

Los barrotes de lo indiscutible..




Llueve, esa lluvia laxa de las primaveras enrarecidas de las que somos testigos y Carmen, organiza mentalmente el menú de mañana bajo en sodio mientras, como una planta en un invernadero se deja estar en el sofá, frente a esa luz sintética de la pantalla, esperando la llamada de su única hija proporcionándole esa conversación que la permita sentirse parte del flujo de la vida. Siempre junto a ella, una libreta llena de números de los que solo ella debe conocer el significado apuntala esos momentos de ausencias y falta de riego subproducto de esa picazón insistente, de la enorme cicatriz que la parte en dos el pecho. Carmen, es buena esposa, una mujer ejemplar de su tiempo que llevo con estoicismo las pequeñas escaramuzas mensuales de su contrario en los puticlubs locales, y la afición deportiva de este por el levantamiento de vidrio tras las megajornadas en la fabrica de rodamientos, y alrededor de unos cientos de bofetones que asumió con admirable resignación. 

 Faustino, su marido, es una sombra rendida que recorre las habitaciones desorientado, falto de significado desde que hace seis años lo jubilaron. Suele bajar la basura a menudo aún cuando la bolsa esta medio llenar, es el motivo lógico que se facilita para asomarse al mundo, a los cien metros de realidad que hay desde el portal al contenedor mas cercano. También ha generado sus pequeñas obsesiones, las manías que en la rutina de la ratonera  que asumieron como objetivo indiscutible y cohesión de sus caminos, lo definen y logran frenar el terror por lo incontrolable que intento acallar a base de lingotazos. Tiene un frente abierto con la joven peruana que acude por horas a luchar contra ese olor avinagrado de la derrota que se hace fuerte en las casas de los ancianos. Es una carne mansa, tostada y debida, una muchacha comprimida y robusta que le otorga las tres horas mas estimulantes del día. Siempre al despiste añade sal a sus guisos, cantidades insanas para la pareja de ejemplares abuelos, también esconde los productos de limpieza o formula pequeñas tretas para que se de el vivificante encontronazo de la reyerta entre su parienta y ella. Y como no, con sutil maestría deja caer objetos por la casa para disfrutar de lo que intuye se esconde entre esas desorbitadas nalgas.

Llueve, impregnando las ventanas de esos anónimos exiliados, humedeciendo la tarde de esa reconocible monotonía que les permite mantener a raya  la sensación de tristeza y fracaso, de estafa y fraude que no escapa mas allá de los cristales. Son dos personas discretas, dos personas que asintieron que se debían a la formulación de lo indiscutible, y soportan los últimos coletazos gracias a la mil boticas que ocupan la balda central del mueble del salón junto al televisor que incesantemente encendido, a un volumen invasivo, ejerce su función de paliativo para la distancia y el silencio corrosivo entre ambos.

Sobre las siete de la tarde, Carmen se apura un buen puñado de nueces y un vaso de leche. Tras la operación a corazón abierto la seccionaron noseque nervio, lo que la provoca cierta incapacidad para respirar con normalidad.
Faustino, debido a sus problemas de colon irritable se pasa las dos siguientes horas tras la merienda en un trasegar constante al baño mientras ella permanece conectada a la maquina de oxigeno. A veces, sentado en la taza observa sus genitales, mansos y cedidos,  pendiendo sobre la porcelana blanca y contiene el impulso de presentarse en la habitación contigua donde ese soniquete mecánico  le recuerda el cada vez menor préstamo de tiempo del que disponen.  Carmen no fue una mujer sexual, no fue una hembra encendida que disfrutara de los encontronazos de la carne y el sabor de los cuerpos enredados y sin limitaciones, demasiados días buscando sentido en los sermones de la iglesia, demasiado tiempo empleado en aparentar la normalidad, en afianzarse en la dignidad  que carecían las putas a las que acudía su marido para que le ensalivaran los bajos. Faustino, espera la cena observando esa copia del Gernika de Picasso que domina la sala como una especie de broma macabra.

Llueve, en la ciudad de los anónimos el agua tibia de esta primavera que sume la totalidad de las historias en un caldo de apatía.  Los motores rompen la indiferencia de las ciudades por segundos, y la tarde continua, inevitable para todos, pesada para los muchos que hicieron de sus horas una comunión de cobardía.

El sueño del verdugo...


Ingrid Michaelson - Creep

 El peligroso silencio entre los labios del que inesperado se descubre boqueando, en esa distancia medida del otro, absorto este, en la crueldad  infantil  del que trascurre por lo indescifrable de la ausencia invadiendo esos ojos de espejo empañado. No puedes hacerte una idea de cuan desnudo te ves a través de quien ausculta las sacudidas sobre un muelle sin mas ruidos que el eco de las olas que ya quebraron y son futuro prestado en el rompiente. Y ya, ni apenas los gritos espumosos del viejo loco que perdió el norte en una pocera del este, sacudiéndose el sopor bajo los pies de la virgen consumida por el salitre, (de la que tú no lo sabes, pero yo enseñe a besar) logran abstraerte de la concesión que otorga el mirar y percibir mas allá del juego de luces y escamas, cuando surge el contrapunto del gemido en lo convulso, en esos labios cargados de la mentira oportunista y sofocante de quien sabe en sus días que, las sombras jamas fueron capaces de respirar y sin embargo no puede evitar el metódico intento..

En las lineas paralelas, la niña y el pez a la deriva en su agonía pudriendole las tripas, troquelando efímeras escenas sobre la madera mientras se reseca expuesto a la escasa teatralidad de un día nublado, y él, sueño de verdugo en tiempos pasados, ahora se descubre anhelando la clemencia de un buen golpe en el cogote que al menos lo rescatara de la forma atroz de quien lo mira desde un extraño mutismo. Ahora ansían que lo sirvan eviscerado, como delicia, como esa pieza simetría que eleve el menú de alguna avinagrada marisquería, a soportar tanta apatía.

Esa niña no podría asegurarte si te prestaría sus labios o el gesto de sus manos, esta inmersa en descubrir el trasfondo de las tripas.

Los arañazos en las tripas...





¿Como dejar de sentir los arañazos en las tripas de esas fieras enfrentadas, convulsas y enfervorecidas en la batalla de lo real y lo convenido por extensión  Entre el pensamiento y el verbo implícito en la carne que muere asfixiada por el mundo sintético al que nos hicieron ver debidos ? 

A más miedo, mas necesidad de entender la vida, como si esto fuera la forma de frenar el vértigo presuponiendo que con las claves, si las hubiera,  controlaremos ese flujo aleatorio e indescifrable que nos envuelve y sucumbe, y que finalmente nos acabara por derrotar. Nacimos vencidos de antemano, con un préstamo del que somos depositarios, y a mi entender sin más deber que el de ser, para con uno y en reconocimiento inverso, un brillo transitorio y efímero que deje un rastro mas que cuestionable para los que vendrán. 


No es posible entender, tal vez, el hecho de que una tenue comprensión y aceptación de esa magnitud que se nos escapa de las manos, nos acomode en una visión menos sesgada, y recuperar el único espacio que nos pertenece, el ahora. Y quizás sea ese ahora, la llave adquirida a la actitud que nos predisponga y acerque a la cada vez mas inalcanzable libertad en una sociedad  maniqueista que, dicta los parámetros que habitamos en función de un objetivo enfermizo y desde un mal entendido individualismo donde se le priva al individuo del tiempo de su desarrollo y autoconocimiento, obligandolo y sometiendolo a la parcelación en roles en función de su casta . De una sociedad que nos imprime necesidades irreales y el prejuicio como forma de control y alimento a la vez, para ese temor latente que subyace en toda persona, en la necesidad de ser aceptado como garantía inconsciente de vida, de huida imposible del dolor  y la muerte.

¿Como admitir entonces al otro como esa extensión demasiado similar de ti, cuando enfrentas sus ojos, si estas prieto de limitaciones, si todo esta dividido en estratos?


Soy una nadie, un alguien trasegando por los limites de los otros, un parásito de instantes avocada a una cierta tendencia a la irritación fruto de la fricción con una realidad con la que no comulgo. Y desde mi reprobada rabia, desde lo no conveniente para esta panacea de mantener el bien social, desde mi inadaptacion a las certezas, tejo mis supuestos con el animo candente de reconquistarme día a día hasta lograr abrazarme.  


Y si esto es locura, si negarme a lo presideñado es lo reprobable por la humanidad llena de despropósitos,  bendigo todos mis delirios, por que al fin y al cabo son mis universos exiliados donde me reconozco y apoyo, en mi personal batalla de hacer de este préstamo algo mio y ser capaz de encontrarme en otras retinas sin temor a perdernos.

Viene todo ardor...



Viene todo ardor, el resplandor que rompe los paisajes inhabitados, los campos de roció helado y esmegma infértil. Llego toda nadie, desde las cenizas, inflamada en el traqueteo que parte la noche en dos para hacerla pan y atender los dos carrillos. Desmandada, como las ruedas enloquecidas ante la decisión del suicida. 
La ropa tan de ventolera, a mis pies, desestructurada en el reencuentro frente al charco sin fondo. 

Un proyecto, el tiro formal a los hábitos celestes, faltas, ausencias, renuncia, hambre. Y el vientre reconociéndose sobre el agua con aullidos suaves, con los dedos pronunciando el eco en pasos graves, amenazando las grietas de la presencia, con el lomo arqueado de la memoria sometiendo el horror y la mugre para tornarla recreo, abrigo y muchas burbujas tomando el espacio del otro lado de los parpados. 

Sin más dueño que el asombro la vida fluye inexcusable hacia el sumidero.

El fluir de las vulvas de entre vías...





Tú jugando a buscar a tú puta triste, la hermosa, la sucia y dadivosa, la obscena e imperfecta, sublime en su entrega, la niña maltratada, la diosa de la caja de muñecas que apilas en los bajos de la cama con todas esas revistas con las que aprendiste a sacudir el aburrimiento engrosando tú polla, la ansiedad agolpandose en las pelotas, la libertad transitoria en lo perfecto de la hidráulica. 

Y yo sin mas dueño que la necesidad de asombro y treinta euros la media hora. El precario travestí predispuesto al capricho de los días apurándose las colillas, observando, con el corazón tan hinchado como lo carnívoro de su sexo el trasegar de los hombres a la deriva, el feto indefinido flotando en una probeta llena de tierra haciendo guardia en los callejones de entre vías con sus dos flamantes y ofensivas tetas a modo de portentosa sintaxis.

Eras más de lo mismo, el mal común, el común de lo hombres, el denominador de las cosas, el denominado ¿Gregorio? Y su petulante sombra convirtiendo el planeta en un gran estercolero, lo reiterativo con ciertas capas de heroicidad  tras los alardes de estar follándote la vida apurándote las botellas, el coraje que se presupone bullir en la autodestrucción, el grito en la renuncia, el placer del martirio, porque no estabas purgando vicios, no. 

Acudías a mi en busca del castigo, del placer de desconocerte cuando ebrio de frustración y al borde de la inconsciencia mas absoluta, te necesitabas ofrecido, rendido a ser invadido, tomado por la consistencia del deseo echo tibia y gruesa carne...o en su defecto, buen latex. Me recordabas a la Dolo, chupeteando los antidepresivos que engulle sin medida a modo de caramelitos mientras invade la ventanilla de los coches dejando caer sus flácidas mamas, pero gustabas que te llamaran escritor, así que vomitabas palabras en vez de ese marasmo espumoso como ella, aquello que la acabo por vencer junto a los contenedores de descarga, reventada y tan azul como los pensamientos de la floristería de Doña Gracia. 

Si, quizás esto te libraba de la quema donde nos dejamos  arder las putas enmudecidas, aun así, resultabas tan o mas barata que cualquiera de nosotras,  pero habías leído aquella interminable lista de autores que podrías nombrar sin apenas respirar. Hasta cuando me pedías que citara a los ojos de Dios sacudiendo tù próstata hasta el delirio solías correrte recitando versos de Gloria Fuertes.


Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,

Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra.

En este punto, era inevitable lo que se arrancaba de mi garganta hacia tu nuca, mientras la mordía con la suficiente energía para inquietarte, y acaecía  el susurro que te sumergía en esa extrañeza que te liberaba.
"Y en tú agujero" 
Lo que provocaba el latigazo que recorría como un impulso enloquecido tus nervios narcotizados para dar a morir en la sacudida, en el espasmo blanquecino de tu ansiedad empapando las sabanas como la más deliciosa poesía, que luego gustabas lamer. 

Era algo casi protocolario, que repetíamos al igual que la conversación del después, cuando me observabas con esos ojillos de virgen de estampa, bello y alucinado, y decías que podrías llegar amarme de esa forma atroz que hace del pecho tempestad y ausencia, que mañana sufrirás el mas funesto de los males una vez superada la descomunal borrachera, que no existía un Adiós posible en mi.

Y acariciándote con ternura los muslos y enfundándome la polla de goma dentro de las bragas te recitaba los últimos dos versos de la realidad...

"No cariño, no, adiós no. Son 130, pero hoy no hace falta que lo dejes en la mesilla."

Asilados en la memoria..


Aventuremos que amar aquello que te contiene, por extensión a la musicalidad de los paralelismos que precariamente nos definen, no es citar al viento y dejarse estar en la firmeza de las arenas, de ese tiempo movedizo que compondrían tus manos en lo sutil del castigo. Y ser, y ver, la llama viva de tus ojos cambiantes azuzados por las bestias, lo terso de tù hambre cuando engorda mi nombre entre las ingles y  escupe sobre yo paredes, el cumulo de huesos molidos que te conforman y te hacen presente, erigiendote ya, como un asilado en mi memoria..

Las mesas que cojean...

 Puedes leerte todos los libros que te recomienden, te dejen o seduzcan. Puedes aprenderte de memoria frases y pensamientos de otros para calzar la mesa de tú vida que viene cojeando demasiado. Que no esta basada sobre la madera que produjo tú propio pensamiento. Puedes hacer todo eso, si ya decidiste, que no andarás como lo hacen los niños, con la torpeza del iniciado y abierto al asombro, que no berrearas insufriblemente hasta ver satisfecha tú necesidad, que no pondrás en funcionamiento las estrategias que te aproximen al objetivo y  no aceptaras de antemano la posibilidad del error que te otorgara grados. Que te refugiaras en la derrota de vivir tu tiempo y las experiencias que te pertenecen en una especie de manual que jamas sera el tuyo. Puedes acaparar mil datos que te nombren de cara a otros como un ejemplo de erudición... detalles irrelevantes realmente que te aportan ese ficticio brillo de sabiduría.

 Humo y niebla... nada. Memoria prestada...¿No?

Retalistas, si quizás no se engendra la firmeza de ese hilo a base de fricción con la vida para que lo componga en lo reconocible que nos abrigue.

El síndrome de la nostalgia de lo que...



Supongamos, que el síndrome de la nostalgia no es lo que destila ese sol que se desploma en este atardecer, lo que no es, y aún desconociendo el ser se perfila más allá de los edificios y las montañas. Que se enreda por las tripas como la llamada del frente a frente en un prolongado siseo provocando el escándalo en plena tarde. Figuremos un allí, ahí, en el bajo vientre de los nervios resecos donde amenaza el deseo, en el refugio temporal donde no alcanza el olvido y sí,  los mórbidos tentáculos de la memoria haciendo trenzados de hojas y salivas, dinamitando la orfandad, dando expresión a la carne que se pudre de puro hambre.

Negarlo seria amputarme las manos, desligarme de la luz dorada y pálida que cubre las tardes de este abril, aceptar la renuncia en  los arañazos sin replica en las mudas, y dejar fenecer ese universo permeable que cita  la agresión de lo que entra en comunión cuando algo se vuelve flama y las sabanas enredadas son la cartografía errática de lo que se ansia.

Supongamos, que no estuviera hablando del deseo y la pasión, que esto solo fueran poco menos que el filo preciso que tienen algunas palabras... Que afirmara, y en realidad no cuestionara.

De las cosas que pasan cuando tú no estás...




Tiene el humo la deliciosa capacidad de definir los flujos en lo impalpable de la penumbra de la habitación, los horizontes desdibujados de la tristeza evaporándose sobre los charcos que se descolgaron de nuestros cuerpos. Quizás por esto me dejo a la deriva en el cigarro del después de morderte los dedos, de acomodarlos a los espacios de mi infierno, tan asquerosamente húmedo, tan insufriblemente sensitivo que necesito la distancia de este momento para recomponerme, para reconstruir el amurallado de lo que imagino ser antes de que me abrieras los muslos y el mundo, rotara ya lejano porque me había perdido mas allá de la piel, entregada sobre las frialdad de las sabanas mientras me ibas aniquilando.

Pequeña, ovillada alrededor de tu cintura con la plasticidad de una nebulosa que se debe a la necesidad de  tus retinas inflamandola, citando a la bestia adormecida que redescubre el placer de la sangre cuando la totalidad de lo que la rodea se descompone, y las paredes ya no son mas que el refugio de nuestro atentado a lo adecuado, nuestro secreto..

De las cosas que pasan cuando tú no estás, habitándome, poco debo contarte, para sostener el caminar por la incertidumbre de los momentos en los que nos consumimos con el ansia de hacer nuestro lo inexplorado una y otra vez, posiblemente hasta agostarnos.

Desde mi insufrible estado primaveral...


La gente hacia alardes del dolor, como un rango, como un baluarte edificado de la miseria, convencidos que el pantano de la angustia era el idóneo lugar donde reside lo supremo de la exactitud, lo prolongado en lo que enfangarse, como si este proceso no fuera poco menos que un escalón, un peldaño al que someterse para captar  la mayor pervesion posible, la pureza. 

Con todos sus matices de claroscuros, de la mugre adherida del camino y el palpito inenarrable que hace que la mirada rompa más alla del horizonte. De la obscenidad y el pudor, del despropostio y el genesis de lo que bulle en exaltcion cromatica, de la rabia que roe las tripas por puro sometimiento al marco que la contiene, de la ternura devota de lo reconocible pero indescifrable que nos sacude en la necesidad de acometerla en una especie de garabato de parvulario. 

Un frente a frente de los contrarios abrazados en la forma que hace del espejo, el espejo. De tú y yo.. algo demasiado similar.

De la aceptacion....desde mi insufrible estado primaveral. 

Desde mi insufrible estado primaveral..


La gente hacia alardes del dolor, como un rango, como un baluarte edificado de la miseria, convencidos que el pantano de la angustia era el idóneo lugar donde reside lo supremo de la exactitud, lo prolongado en lo que enfangarse, como si este proceso  fuera poco menos que un escalón, un peldaño al que someterse para captar  la mayor pervesion posible, la pureza. 

Con todos sus matices de claroscuros, de la mugre adherida del camino y el palpito inenarrable que hace que la mirada rompa mas alla del horizonte. De la obscenidad y el pudor, del despropostio y el genesis de lo que bulle en exaltcion cromatica, de la rabia que roe las tripas por puro sometimiento al marco que la contiene, de la ternura devota de lo reconocible pero indescifrable que nos sacude en la necesidad de contenerla en una especie de garabato de parvulario. 

Un frente a frente de los contrarios abrazados en la forma que hace del espejo, el espejo. De tú y yo.. algo demasiado similar.

De la aceptacion....desde mi insufrible estado primaveral. 

La dulce y sucia alocución de la entrega..


 Mentes tactiles en la dulce y sucia alocucion de la entrega, exprimiendo la vida contenida en los delirios que se dejan entrever, a ratos.


No quiero tu mirada vaporosa y azul, no solo a ella, obsevando lo infinito.Quiero la llama viva en tu retina, el hambre implacable del que se toma sus derechos.  El caminar entregado del que beso la muerte, se la follo y la hizo suya y  ya, no le queda mas espacio para el miedo, si acaso, para ser expoleado por  la sensacion de que era demasiado pequeño el plato para la poca carne mereciendo el respeto del hambriento.

Así que mírame, atraviesame el pellejo de diablo que he formado con buenas costras, quiebra el espinazo de la bestia y sientala en tus rodillas, arrullada con el aliento que toma el aire para tornarlo gemido. Arrastrala con los dedos inhundados de dulces, que te muestre su paladar de rossa, su secreto carnivoro, el pasadizo al olvido. Y si te atreves, desposeela de  la luz enfermiza de esos colmillos de leche que le implanto la luna en las horas fugaces que definieron las epocas. Y recoge tus recuerdos... todos llevamos exceso de peso.
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“Sorprendeme”dijiste



Sorprendeme”dijiste, embebido por  la dureza de tu polla aniquilando cualquier atisbo de consciencia en tu saturado cerebro bañado en evasivos.“Sorprendeme “, soñandote el pretendido dios agasajador del mas puro semen que bendecirá el mundo. Todo mientras caías preso de la rojez de mi pequeño infierno receptivo, todo mientras movías pausadamente tu pene al compás de mi sexo expuesto a los pies de tu cama, al capricho de la luz de tu dormitorio confabulándose con los secretos que pretendías revelados bajo mis pestañas. Que estúpido y que sencillo resultaba manejarte a mi antojo, que simples eran tus mecanismos de activación. Cuan permeable la estructura que concebiste para tu caparazón revestido de la grandilocuencia de un charlatán que vende su vida en cómodos plazos al postor que mas decorara su puja. Abrí las piernas tanto como me permitió esa puta postura con la que empezaste a perder el control... Elástica como una muñeca, desdibujada como una fulana bajo la lluvia en tus ojos ebrios. Tintados de carmín los pezones dispuestos a rescatarte, a retrotraerte hacia la infantil sensación de ser inmune al desconcierto del mundo. Así me hice presente en tu dormitorio sin ningún objetivo aparente, solo era lo que tu presuponías, otra hembra mas buscando la decapitación momentánea de la razón dispuesta a habitar parte de tus recuerdos.


Visitabas con asiduidad aquel lamedero de egos en las que os bañabais en tributos fáciles sin ningún objetivo mas allá de la lustre de vuestras miserias aderezadas de un buen vino. Yo era ese par de tetas que decoraba parte de la barra en la que tomabais parte en la amputación de los males del mundo, la vulgar camarera a la que acudíais en la pesadez de la rutina para alimentar vuestros momentos pajilleros, el trozo de carne anónima al que acuñar los mil anhelados vicios, las mil desconocidas virtudes con los que exorcizabais vuestra hueca existencia enferma de vanidad. Colándoos furtivos en mis amables escotes, dejándoos sacudir en los entretiempos de nada sobre el vaivén de mis caderas, el supuesto florero carente de discurso interior que soportaba vuestras babas a cambio de una nomina y un par de pagas.


Supe leer en tus miradas los viajes de ego a través de muñecas rotas, gustabas coleccionar las miserias de sus cadáveres en tu memoria ansiada por detener el paso del tiempo en una eterna lozanía, un burdo animal herido y reseco acaparando porciones de la vida que destripabas para acallar el dolor no asumido. Ese era el verdadero hambre de tu viciado sexo... Un absurdo maniaco al que desee en silencio mientras os llenaba los vasos de crianza. Eras lo que se llama un hijo puta con clase, ese lobo encantador que sabe someter a las ovejas cual juguetes, manejabas bien tu verbo cargándolo de sucias intenciones, sabias remover la negrura viciada de los interiores del dormitorio fingiéndote a ratos desvalido, mostrando al niño maldito por el abandono en una perpetua noche azul. Pero hoy estas aquí para mi, sometido a los matices difusos de mi respiración, leyendo con avidez la mas mínima cadencia de mi cuerpo del que ignoras las verdades que no fuiste capaz ni de imaginar.


No necesito percibir ningún gesto asertivo, ni tan siquiera el eco embriagante de tu modulada voz para saber que te complace la escena que estaba azotando tu retina. Así que me arrastre hasta el escritorio de cerezo donde creabas endiosado aquel universo decadente a golpe de tinta y de música de Haendel, sobre la sucia moqueta bañada de whisky añejo y residuos de antiguas guerras, coreografiando la derrota para ti. Agarre la pluma del siglo XVIII que decoraba tu mesa imparte verdades, y empapándola de mi flujo carente de titulación, la impregne de los restos de farlopa que se extendían caóticos sobre la rojiza madera y me erigí, con el poder asumido de una cortesana y con el objetivo de darte de beber el elixir de tu realidad sobre el filo de tu propia arma, todo tu universo desde la generosidad de mis manos.



Te deleitaste cual niño con un trozo de chocolate, lamiéndolo, tragando las claves de tu pretensión de trascendencia que tuvieron a bien compartir nuestros labios antes de dar salida a ese otro tu. El que me arrastra al abismo de su mirada, con su pulsiòn animal desgarrando mis entrañas mientras me folla con ansia de derrota castigando mi carne contra el escritorio, como pretendiendo espolear la velocidad que desmadeja mis arterias, invitándome al extremo del abandono, a ser otra estúpida muñeca difícil de diseccionar. Pero no, estar tan lleno de supuestos que desearía certezas, te deja en clara desventaja.


Me libero de la asfixia del abrazo y recorro tu cuerpo bañándolo con esta saliva enferma de poesía, deposito sobre el delirio en el que te balanceabas mi mas hiriente ternura. Anudo mis piernas sobre tu abdomen sacudiendo los cimientos de tu mundo, deteniendo la inercia de tu corazón ajado al ritmo de mis muslos dispuestos a ahogar la rabia entre las paredes de este coño decapitando el paso de tus noches tan llenas de ti. Tus ojos respiran agónicos mientras continuo ejecutando cada una de esas sombras que hiciste tus compañeras.


Hay un cierto ademán suplicante en la forma de aferrarte a mis caderas, una petición que adquiere forma cuando tus manos toman las mías invitándome a acallar el aire de tu garganta. Y lo hice, percibiendo en pulso vertiginoso de tus desgarros en mis yemas, hasta que el blanco en tus ojos y la contundencia de tu deseo murió en mi interior, y el eco escandaloso del ayer fue acallado por el torrente de nuestros flujos que murieron cómplices sobre las sabanas.


Te observe desde la puerta, mientras dormías con la indiferencia de un niño complacido, ajeno a las reglas del juego al que ahora te debes, sabiendo que me buscaras como esa nueva intensidad que dibuje otro mañana saque el móvil y atrape la belleza del momento. La calidez de este amanecer veraniego sobre tu cuerpo desnudo, yaciendo boca abajo dibujando un ondulante paisaje emanando serenidad donde la maltrecha pluma victoriana emerge de entre tu pretencioso culo, y junto a ella, en carmín, mi numero de teléfono.
He dejado una nota en tu señorial escritorio, que reza. 

“Hoy fuiste mi puta...”y del resto, creo que ya hablaremos.

Aviso a la ciudadanía...



Cuando hayas vendido lo que quedaba del pulso que imprimía verdad a tus palabras, deberás entonces,  acercarte a la gran acequia global, al sublime vertedero de vivencias conocido como internet y desconocer de pudores y respeto.
Para ser ladrón de palabras debes tener nombre y dos apellidos, reconocidos, reconocibles en el submundo de los parásitos. Aunque siempre es mas heroico si te agencias un seudónimo  Debes al menos, configurar dos sombras propicias sobre las que atraer a la victimas, puedes elegir entre la fresca sombra del árbol para los crédulos donde como articulo decorativo, le pendes un ahorcado, así de cuando en cuando. O el intransitable y apestoso callejón de las antiguas putas para los que dicen renegaron del alma y dejar crecer de vez en cuando flores en sus esquinas. Darte al placer exquisito de follarte los cadáveres que andan pudriéndose en los cementerios, en el olvido de antiguas entradas. Para luego, pasearte hegemónico haciendo alardes de los restos como si fueran fruto de tu talentosa condición para la caza  y la creación, pero si eres de rango,  iras sustrayendo metódicamente y en silencio para dar forma a algo de peso que podrás poner en venta a tus numerosas fanstint... (tras haber humedecido con un sutil gesto de predi lección sus grises vidas), o en las paginas de librillos de descarga.
Así que, sabedor de las delicias que se esconden bajo las cándidas braguillas de las niñas, de las incautas,  como un feriante de chaqué impoluto, como un mago del arte de la envoltura, juega a hacerles trajes a salivazos hasta que vayan dejando esas pequeñas gotitas con las que nutrirte. Y una y otra vez ten preparada bailarina para el escenario en el perfecto por elaborado espectáculo... y monta un club de subterráneos.

El ladrón de palabras, carece de forma concreta una vez que probo el elixir embriagante del reconocimiento en sus múltiples formatos; mediocre, mundial, brillante o comarcal. Y posee una mas que cuestionable autoestima que pende y oscila entre la necesidad de las palmaditas en la espalda de lo que el considera sus iguales y el denso mutismo que acompaña el habitar el torreón donde se encierra con sus dóciles putitas, a recomponerlas, a formar momentos en lo comprimido del poema. Es un ente apático, carcomido en sus rutinas infertiles cuando se aposenta frente al ordenador y teclea, ya que no hay apenas hormigas que le roan las yemas, apenas un silbido asmático de lo que eran sus entrañas. Es una entidad caída en la mecanización así que, juega, y se divierte y sacude las pulsaciones con cada nueva actuación.

Un escritor sin inspiración, es un asesino en serie, un personaje reseco y consumido, ya que el deberse a la ideación de mundos o momentos de cuchillada en las tripas necesita un tributo de sangre. Un escritor reconocible, reconocido, siempre es un ladrón, un cabrón diría él, en un intento de revestir de cierta viveza  a esa mortandad que pende mansa de entre sus muslos sin las palmaditas en la espalda y la admiración de los incautos. Es la sombra del mismo presidio que el conformo, pero puede que, esto aún el no lo sepa.

Lo que desconocía el ladrón de palabras, es que yo la tenia fichado... y jugamos al ajedrez, o no se si fue a los barcos, e incluso por momentos pensé que le resulte tan insufrible o tierna, tan obscena o idiota que me dio clemencia antes de marearse mas la cabeza con la mecánica inversa del probador probado.

Y lo mas extraño es que me cae hasta simpático. Aprecio por lo especímenes raros, va a ser, o que me he divertido tanto que lo considero un digno adversario.



Frescura, muerte exultante de vida...


He bebido de ti, lamido tu cerebro entre las sombras, deslizándome por las circunvoluciones de los pasadizos con las manos sobre mis pechos, he presentido las cosas secretas que se quedan en el borde de la copa que no se termina de derramar para hacer memoria y entregarla. 

Aquí mi paisaje, entre lineas, como ocurre casi siempre con la verdad. Lo contenido en una mentira prolongada en el tiempo en que se edifican mundos, sin gala de sinceridad, porque escribimos en esa forma  de rescate que comprimen las piedras sangrantes que observan lo que acontece. Nadie soportaría el día a día sin la cordialidad de lo adecuado que dona el que conoce la melodía que desearías escuchar.

¿Cuanta muerte y amor en un verso, cuanto restaño para los que viajan  entre párrafo y párrafo de un libro, cuanta bendita mentira?

Las putas tristes..



.La tarde es lenta, con esa lentitud de tenían los Viernes tras la semana en el internado, el rumor del trafico suavizándose progresivamente hasta que las farolas de la calle impregnan todo con esa luz anaranjada que lo torna todo mas acogedor, mas silencioso y masticable. Llueve, y el agua corretea por los recuerdos que ya no están,  que se difuminan logrando que el plomo que pendía del pecho aminore hasta tener una especie de agujero, hambriento, ávido de la sangre que ya no corría por mis días  Me trago todo, las tragedias por comparativa, la carne herida, el dolor hasta el hueso y el ruido soez del mundo. Todo. La poesía, las facturas apiladas sobre el mueble del salón, las bromas de mal gusto de este país usurero, el frigorífico a medido camino de la mas absoluta desolación, las colillas apuradas, los charcos de nausea, flujos y tinta.
T o d o. Porque es mio.

Cupo cubierto.

Las horas se desenvuelven en una quietud perdida el último año, como si de repente algo habría recompuesto la maraña de sensaciones que se esparramaban por el suelo, mucha luna, muchas ganas de desintegrarme, muchas cosas llenas de recuerdos sitiando los horas. Demasiado tiempo atada al vértigo tras aquella relación de mierda, desfigurandome en intentar alcanzar donde estaba el error, intentando entender porque no era yo capaz de morirme de desamor sino de esa sensación de fraude, jugando con las palabras hasta doblegarlas al capricho del día, mis putas, si, eran mis putas tristes. También yo tenia mi pequeño harén de insensatas en mis manos, tal vez por esto mi lenguaje se volvía cada vez mas desenvuelto, ácido, corrosivo, más masculino, más... Oh, Man.

Demasiado tiempo en la terquedad, enfangandome los pies, royendo fotos que amarilleadas se desplegaban sobre mi cabeza,  llenas de la patina de la derrota, antes que hacer frente al olvido, a la soledad que retornaba ya no como aquella compañera antes de su llegada, sino como ese ente que jaleaba al otro lado de mis dedos, la puta sensación de abandono de los que fuimos sacrificados en los patios del colegio, en la dejadez de manos ausentes y frías.

Recibo un mail, dos en realidad,  personales, me sorprende que alguien haya cruzado la frontera de la retorica estética del blog hacia mis lineas mas intimas. Es alguien reconocible, previsible... Dice que ha percibido más verdad de mi en mi ultimo post que nunca, que a ratos a podido reconocerme como esa tía con la que comulga, con la que se sabe, no esa coraza anquilosada, fría e irritante que intento parecer ser, que lleva años queriendo compartir cualquier cosa, un café, una tarde junto al mar. Luego habla de mi hermetismo, de mi riqueza cromática y de lo jodidamente preciosa que soy, en ese punto, estoy completamente de acuerdo aunque me abruman esas cosas, en los anteriores tambien, pero siempre fue cuestion de llaves... Me conoce bien, saben cual son las golosinas que endulzan mi boca, en cierta forma parte del objetivo de todo esto seria eso, conocer a gente con una vibra similar que restar tanta tontería y conversación vacía, y bueno placer, si, pura necesidad de placer, digamos vicio.

Obtenido tras encapsular momentos, emociones, fraguar historias, abrir ese cocedero de imagenes y plasmarlas, compartirse y deleitarse en la lectura de todas esas  manos anónimas, desenvolviendose, mostrandose en una obscena y sutil desnudez  empujadas a conquistar espacios mas allá del silencio de las aceras, de ese runrún automático que provoca que todo resulte tan previsible, aburrido... Y jugar, con las puertas torneadas, los filtros gruesos y observar, mucho observar.

 Vete tú a saber porque...


Fragua tus palabras, amalas y dalas a valer






Era tu gran encanto, esa abrumadora y caótica sinceridad que olía a perdida y alcohol, a grito contenido. Y aquella imagen siniestra, de aquel personaje consumido buscando abrigo en un libro omnipresente sobre la pared central del salón. Recuerdo tu desván, lo recuerdo como aquel lugar donde se te hizo la noche pesada, donde el aire era demasiado para tu intención de respirar y sacudías hostias al aire, y descerrajabas palabras, muchas palabras, demasiado mansas para tanta rabia.

Eran tiempos confusos, tu habías vuelto al nido, cabizbajo, arrastrando con cierta autosuficiencia la sensación de derrota, y ese jalear de la tristeza, que acallabas botella tras botella como un murciélago besando un cigarro. Y yo queriendo ser el perfecto complemento de tu noche, que estupidez por mi parte, demasiada soledad inundandolo todo, demasiado cortejo a la luna y altares al dolor en cada espacio que lograba robarte. Allí, en la penumbra, eras apenas un sombrajo con las gafas inyectadas por la pantalla del ordenador. Y como solía suceder, romperme, sobre esas ganas de querer alcanzarte y no poder, ya demasiado ajeno a todo, con toda la mierda del mundo que decidiste que debíamos cargar a cuestas y hacerla nuestra.

Yo, ese zigoto dimensional mas echo de aire y fuego que de tierra, que planeaba libre y viva sobre tus parpados cuando me mirabas, para al final, desfragmentarme, a momentos, por si recomponerme te podría retrotraer hacia aquí, a mi.
Mas tarde, los años... los que pasaron hasta nuestro próximo y casual encuentro.

Ambiente denso de noche de primavera y fútbol en el Bar de los suburbios  Un ejercito de ojos zombificados,  entregados al movimiento de esa pelotita  irradiando esa luz de lo irreal manteniendolos acomodados, en sus sillas, en sus vidas,  y allí aparezco, mas chula que un dieciocho, exultante de abandono de mi misma, sin peso. A por mi paquetito de tabaco como quien irrumpe en bragas en medio de algún ritual religioso, y los feligreses prietos de tanta contención  se la sacuden frente al altar de las miradas inquietantes, tanteandome.. Y tú al fondo, en lo repentino de una casual mirada, de nuevo, apostando al dolor en cada trago, en esa derrota por fasciculos a la que habías cedido tu vida.

Había algo de sorpresivo en los reencuentros, quizás todo ese tiempo dejando restos que compartir, la vida maleandonos desde que todo se fue a la mierda, y de nuevo nos miramos como dos crédulos irreconocidos y rompimos la distancia de lo comprometido de la situación, así, con lo de siempre, con lo efectivo de un hola para dar paso a lo contenido.

-He pensado mucho en ti, en lo nuestro, en lo que teníamos y desfiguramos como si de esa forma tomáramos revancha del mundo.

-Ya imagino... ¿Mucha sangre en tu cerebro?

- No eres la misma, ahora mismo apenas logro reconocerte. Y si, tu nombre a salpicado mas de una noche las paredes de mi abandono.

-Joder, que bonito, mas,  con ese miedo contenido en los ojos, a la deriva, el que me hacia justificar todas tus mentiras.

-Bueno, perdona, no quiero hacerte perder tu tiempo conmigo. Ya he visto con que gente te tratas en Facebook, y yo no estoy a la altura, claro.

- Son escénicos, realmente no soporto a esos intelectualoides cargados de datos. A otro perro con ese hueso. Aunque no me reconozcas, queda mucho de lo que fui.

- Entonces tomémonos una copa juntos, y nos pasamos los apuntes de estos años. ¿Te parece?

Observo como te dejas en el culo de la camarera de sonrisa fácil que nos saca la consumición a la terraza, como en tu mente se doblega ofertándose sin mediar palabra, carne explicita, sin ambajes.

-No sabes lo que he llegado a echarte de menos, volvernos a mirar, a poder vernos y enfrentarnos hasta ensuciar las horas y las sabanas.

- Es precioso lo que dices, como casi siempre..¿ Sabes... ese taburete de heladería italiana de los cincuenta de sky,  ese de rojo intenso y sediento que teníamos en el salón  donde alguna vez follamos... ? Pues en ese, con mis bragas de perle de cuando ñaja.. Me he masturbado durante meses viendo vídeos de porno duro alemán y recitando versos de Bendetti frente a una webcam.

-Tu no eres así

-Bueno, no sabes las cosas que se pueden llegar hacer para subsistir, no ha sido por dinero, ojala podría justificarme así. Fue la necesidad de ir destruyendo lo que despreciaste. Lo de mi vibrador con forma de muñeca hawaiana, ni te hablo lo que hago con el, no quisiera provocarte una erección o algún malestar estomacal.

-Podría convertirme en el depredador de tus coladas.

Y luego sonreíste, malicioso, como si las tuvieras todas contigo, como si las cartas las hubieras marcado tu.

- Pobre. Otro mutilado mas

Y puse aquella sonrisa de niña cruel que no sabe del respeto por las heridas mientras te acaricie con la calidez de mi mano la barbilla.
.
 -Aún recuerdo cuando me escondía en la terraza para oír tu dulce y sensual voz, muerto de frió. O cuando te observaba,  dándote a aquel salido tiparraco del otro lado de tu mundo, sacudiendosela a escondidas de su madre, pensando en ti.  Y yo, en silencio, meses.

- Si, somos dos tiernos crédulos a cobijo de la sombra de un árbol. Es increíble el descaro con que justificas lo que paso. Pues seria de las pocas veces que ya me miraras... En fin, llegados a este punto, si la retribución no es próxima me apuro la copa y me voy. Mañana debo aguantar a los gilipollas habituales, pero borrachos, comprenderás que tenga que ir descansada.

-Vamos tarde para este brote de extraña dignidad ¿No te parece?

- Uy, las diez y media, tengo que darle la medicación a la que fue nuestra perra, ahora es epiléptica  Y darle el desparasitador. No me gustaría que se le pegara alguna garrapata hasta enfermarla y dejarla seca. 
-Mujer de poca fe... ¿Ya no hay un ápice de credibilidad en mis palabras? No te puedes hacer una idea que vida de mierda llevo.

-  Fragua tus palabras, amalas y dalas a valer, sí, a ellas sí... siempre las podrás tener. En cuanto a mi, cuando hablen los hechos, te podría llegar a creer.. Soy yo. La misma,  pero reforzada.

Y luego la distancia, de nuevo, el silencio esquizoide en que eras lo mas próximo a la esperanza y esos azules en los cielos, la vuelta a las horas absorta en reencontrarme arañándome una y otra vez, despiojando tú olor de mis uñas, mascando las paredes hasta quedarme sin dientes, a solas, para que nadie supiera como duele ser de fuego y aire hasta, matarte una y otra vez de mi memoria y matarme. Hasta ser una nadie que, en los días de mala lluvia, vuela y arde pese a nuestra historia, pese a tú cuchillada en las tripas hiriéndome de gravedad para ser el ajeno personaje a toda aquella sangre. Pero sale, siempre hay más, y vuelvo de nuevo a la crueldad de las calles anónimas echa una piedra licuada sin que la paren deseando compartir mis manos con el mismo hambre.




Donde dejarse morir cubiertos de saliva..

Las lagrimas en el espacio, permanecen, quedas, en esa especie de broma bella y cruel, pendiendo de las mejillas,  perfectas y contenidas. Perpetuas en la humedad. 
¿Sera esto poesía?
Lamela tiernamente, muestrale, la precisión de tus dientes, la bondad de tus labios  y luego... te explico.


El arte es conflicto, nace de la contorsión de los adentros enfermando las tripas. El sexo es conflicto. Una perpetua espiral, hirviente, la mano izquierda de Prometeo pellizcándonos y susurrándonos entre los muslos, la que guía y  nos somete al intento, a alcanzar ese estado larvario que emana el después, tras abrirse la carne y dejar que el pensamiento se haga forma, para observarla y deleitarse en la obscenidad que rompe lo inasible, la humedad en los sexos ebrios de ellos mismos, la cromática lubricación que antecede a la conquista, al acercamiento y redención que nos escupe libres, varados en los puntos de gravitación.

Unos lo buscan abrazados por ese coño infinitum, en esa calma uterina que asfixia la realidad entre sus paredes, inmersos en los borbotones ansiosos de aceptación que los acogerán  Otros en la vida pudriéndose en sus entrañas escupida por esa polla excelsium, el poema perfecto deslizando cálido por entre sus labios y lamer, cada instante, el entendimiento, en una sucia comunión de mentiras y verdades donde dejarse morir cubiertos de saliva.

Y luego... el riesgo. ¿Quien nos salvaría de anudarnos a  las manos que rompen cadenas?


.


Arañada, sí... pero intacta.


El juego era simple, en tu disposición sobre las normas y fichas sobre la mesa, se intuía el ritual al que me entregabas. Los limites que denunciaban tu necesidad de marcos, acusaban los requisitos a los que te debías. Todos tenemos miedos y muchos vicios que purgar, sacudiéndonos la culpa en la redención de otro cuerpo, entregados a la búsqueda de la belleza para poder hacerla nuestra, y fíjate, que creo que es tu caso, si se rasca esa patina amarilla que ha conformado tus murallas.

Respete los muros, lo pactado, me deje por los pasadizos como una rata atolondrada por algo polarizandome las tripas, sin conocer con certeza el objetivo, y a momentos, contenía el impulso de derruir tus fronteras. Te tantee, en esas pequeñas comuniones de lucha, de contrapunto, pero me podía mas tu presunción de mi, así que, te di lo que esperabas, la reiteración de lo común, lo burdo atentando, es espectáculo, el espectáculo. A mi tampoco me molan los que se pierden en música fácil.

Resulto divertido acomodarse a tus presunciones mostrando mi hambre invertida. A ser espejo del espejo, donde sin valor para enfrentar la mirada y, aún así, todo viene siendo poco menos que nada. Nadie se encuentra nunca, porque nadie permanece en un momento, por lo cual por mucho que huyas al final nos acabamos cogiendo.. o nos cogen. Que quizás resulte esto lo aterrador.

Tu no lo sabes, bueno, tal vez si...pero no hay mas preso que el que justifica sus delirios, por eso nos mentimos, por eso estamos inmersos en la oscilación que es vivir. Por eso escribo, por eso andamos por aquí.

Sì, no fuí sincera, como ya bien sabes, hay mucha mierda esperándonos al doblar cualquier esquina.

Y en este juego de mentiras, ambos cumplimos nuestra función, sin saberlo. Y gracias, resulto realmente estimulante provocarte reacción, aunque fuera la no esperada.

F5- Agua.



Lo sostenido..



Un ahorcado tocando el violín para disfrute de los lobos, ultimas notas, en lo sostenido de la sensacion, nervios que se crispan y elevan, masendumbre, de carne, que se hace torrente. Mas tarde las moscas, consumiendo lo otorgado, el cuerpo que oscila, que no yace en la entrega a la tierra. Allí, gravitando.¿Acaso importa conocer cual fue la canción?



Amanece en lo indefinido...

The Lumineers - Ho Hey

 Amanece, como día tras día viene sucediendo en el barrio que fue escombrera. Trae una luz húmeda, congestionada, la soberbia momificacion del movimiento haciendo suyas las calles. Hace frió en el parque cercano donde las palomas están inmersas en su ritual, en esa danza de latigazos que las somete, que las torna a ojos de quien las observa en un manojo de espasmos ridículos, ajenas, absortas en el reclamo. Una pareja de ancianos pasean sus huesos sobrecargados de tanta vida, de la mano, se sienten las secuelas del agua de puerto en sus miradas, mientras del transistor que ella esconde en algunos de sus bolsillos, se dona una copla a los que pasean contenidos, confinados en la significación de las ciudades, en su automatismo. Y niños, los Domingos son muy de los niños, debe ser por la conjugación de libertad y atenciones donde aceleran endiablados retándose a ellos mismo, sobre patines, bicicletas o mil trastos mas, confiados e incautos, haciendo suyas las primeras cicatrices, las que habitualmente alguien velara.

La fluctuación, el asombro de lo mínimo conforma y sostiene lo que no soy, alguien, por eso continuo paseando mas allá de las veredas, ensimismada en la química del color, en los caprichos de las margaritas alfombrando el césped. El universo permanece indiferente, los cuerpos llenos de significados que han echo suyo el parque también, y poco a poco llega, los sublimes momentos de indefinición, de esa luz casi mortecina que fluye hasta desfondar los discursos. Quizás es esto la libertad.


La estación de San Petrua



Bajo la enorme marquesina de la estación de San Petrua, las cosas se sucedían lentas. Los pasajeros de destinos ciertos se ralentizaban al cruzar el umbral. Margueritte, la camarera de la única cafetería , angulosa  ella, de mejillas consumidas y dedos ambarinos, decía, que era debido a aquella endiablada vidriera que diseño aquel alemán loco. Que sacudido por una especie de éxtasis demoníaco  se recluyo por tres años en una olvidada cabaña de los bosques de Broisse, hasta que considero terminado el diseño de su obra. Decía, que hasta allí tan solo acudía un viejo tuerto de mirada esquiva y siempre ensombrecida bajo su gorro, a reponer la despensera, a dejar enormes manojos de cartas, que se fueron amontonando, semana tras semana y que, desprendían un profundo aroma a mirra y tabaco.

En San Petrua, los gatos supervivientes del frenesí de la urbe, realizaban un extraño ritual pasadas  las doce del mediodía. En una improvisada procesión, salían de los recoveco mas insospechados, los podías ver corretear apresurados sobre los tejados de los talleres, hasta darse arrobados a retozar bajo el reflejo que producía la mas desconcertante imagen de la vidriera.

 Había una luz extraña en San Petrua, una luz apática y densa, inquietante mente bella a determinadas horas del día.

Todo el que allí entraba, pasaba a formar parte de aquella atmósfera, de ese influjo indescriptible que provocaba que las partículas de polvo, de restos, suciedad, gravitaran como ajenos al tiempo, aunque siempre prevaleciera esa mecánica que los compartimentaba, que los sometía a el eco inaplazable del enorme reloj que, en la pared de enfrente de la vidriera cumplía con exquisita precisión su función informativa.

Era hermosa la vidriera de San Petrua, con todos aquellos personajes neblinosos, indefinidos en grotescas posturas, escupiendo su ondulante collage de colores sobre los mármoles del suelo, sobre los que estaban de paso hacia algún lugar, sobre los que decían adióses, que eran hasta luegos o nuevas ausencias, sobre los que  habían olvidado sus pies, y acudían allí, rutinariamente, a por su dosis de nana mecánica que adormecía vete tu a saber que personales monstruos de leyenda.

Quizás por todo esto permanezco aquí, con los ojos inflamados, sentada junto a Guinbridge, con su vieja maletita de ratan llena de lo que nunca le termino por preguntar.

El sabor de la papaya






Se van muriendo días sobre nuestro calendario, inmersos en la elección de compartirnos a ratos, me encanta cuanto prorrumpes, en plena madrugada, con esas palabras con sabor a hierba, con tus ademanes cobrizos agazapados a medio pulso entre la risa y la necesidad de derrota en tus ojos.
Y todo ese mundo de colores agolpándose, insinuándose, bajo el calzoncillo de batalla con los restos de la sangre que te bebiste ente Jamaica y Alemania..

Todo esta bien en lo discontinuo y casual de observarnos, desnudándonos en los intersticios de la carne que nos empuja, como dos titanes petrificados en las lecturas de la piel pataleando hasta alcanzar la aceptación del ruego en la mirada del que se sabe a ratos. Todo a resultas del humo verde zarandeando mi infierno receptivo, poniendo las cosas tan patas arriba que adquieren coherencia, a bien de la semejanza que nos condena a querer descubrirnos entregándonos al otro. Desposeyendonos, en esos espacios del deber que nos confiere estas garras quirúrgicas.

Sabes a tierra tostada, a sangre añeja amamantando un vergel, a raíces que aman lo logrado y no cejan sin embargo, de perderse en el horizonte. A deseo muerto salpicando con su bramido los limites de las paredes, a esas semillas que hacen sabrosa a la papaya.


Letra voraz de tu tiempo... (Balancoire)


¿Afrontar la irrelevancia del que esta de paso o aspirar a pervivirse mas allá de la memoria, rotando en el tiempo que el pensamiento soporte la inevitable curvatura de la guadaña

Dejarse en manos, derrumbarse bajo el árbol herido, trasmutar el fogonazo de un instante en susurro, mosca atrapada en ámbar, perpetua, entre los chasquidos de los adentros o en los versos del poeta?

Puta perenne y efímera, supongo...



 De repente algo se agolpa en las arterias, algo imprevisible y fulminante como un bofetón extraviado que te reconduce hacia al asombro.
¡¡Ostias, que las galletas traen calcomanias!! Me digo, a modo de autoatentado, mientras, la lengua continua

 inmersa en la fértil locura de proyectar el arma que nos descerraja y penetra, dando paso a la fluidez que nos gravita en los órganos. 

 Palabras, en tropel, correteando por los escombros de lo que somos, amontonadas sobre el aliento purpura que emerge de entre tanto destrozo, rompiendo lo monocroma,  reflejo del mundo que nos toca llevar a cuestas.

Tú que escribes, que tributas a los séquitos de desgarros en amaneceres y madrugadas donde el escalofrió de lo incierto araña la nuca, donde lo inconcluso de ti mismo provoca el cosquilleo entre tus muslos, el ansia de conquista en tus yemas.Tú que me lees, saboreando el placer del voyeaur camuflado en la indiferencia de un momento que emerge semidesnudo.


¿Que supones encontraras aquí, entre tanta letra voraz de tu tiempo?
 



Toda, en mí...


El chasquido de tu tos de feria, agujerando la tarde del que sabe de las puertas y las deja entreabiertas a la torpeza de caerse por el cuerpo que le es dado. Toda en mí, libertad, de mejillas embarradas. 


 
 ¿Que remedio es un paño caliente sobre una hemorragia? Y permanece, la sombra de la niña apostada en la niebla, observando el camino de costras que son sus rodillas, con los ojos fijos en el horizonte.

Lamer los restos de entre tus dedos, cada surco como yeso reseco de las flores sangradas en el ayer. Y es más, respirar ese palpito de hierba medida, denunciandote, como otro cocodrilo apostado en la poza del zoológico ajeno a el vuelo inconstante de las mariposas, y aun así, pretenderte yesca que sugiere arder.

 Despiojar una flor, asfixiarla entre las manos, no hace mas miel que para la boca del poeta amamantando la reconocible nostalgia, pulverizando la belleza a su paso, arañando, por un momento la victoria en la clemencia.


Pero créeme, ella no entiende si debe correr.


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