Muescas de... ¿tù, revolver?

Ardo en una rabia precoz, en un desamparo previo al desencanto de la madurez. Llevo ardiendo tantas estaciones que el tiempo queda denigrado a observador del transcurrir de ojos anónimos sobre la palma de su mano. Ardo en lo limitado, en una caja atestada de roedores de instantes aturdidos de tanta necesidad, zurcidos a sus paredes, y en mi, la ingobernabilidad del impulso de despedazar esta ficción arrancándome las extremidades.

¿Escribes para coleccionar lectores? Para ello deberás entrar en los mentideros, donde los lamedores de egos se ceden en dádivas que esperan retribución.

¿Escribes con la creencia de que cada apreciación son muescas que hacen de... tù, revolver, algo singular? Pues deberás entonces dejarte estar en manos de los que abogan que la literatura, el arte, es un espacio rabioso y libre, mientras de ello hacen un nuevo clasismo donde se tasan las armas.


Escribes... y  en tus desencuentros debería bastarte el intuirte, y que quizás, los otros, se supieran en tus letras, a momentos, reconocidos.

O eso pienso yo... entregada en la perdida de reconocerse.

Tú, curva perfecta...


 Lluvia caliente y toxica, lluvia de tejado resbaladizo por donde descienden los gatos llamados a arder en los callejones en manos de niños aturdidos. Noche tostada, de pezones benditos, de palabra enervada hasta la exasperación del ultimo sonido.


" No existe a mis ojos, mayor muerte en un poema, que la prolongación de lo predecible. Un rebaño de versos apostados en la cotidianidad de una cañada." Se dijo la puta apacible mirándose en el espejo,  conmovida.

 "No es derrota en mi boca,  la señal de lo propicio en el gesto plegado que antecede a la condenación. Turba de emociones que acontecen en la inhumación de los perversos". Se dijo la santa arrebatada lamiendo los dedos plenos de su sangre, embelesada.


Y se derrumban ambas , tierra, en tú, curva perfecta, vete a saber por què extraño apremio devenido tras vivir, como fardos agrietados de esperma rotando la próxima primavera.



En lo insólito de la primavera

Pienso en tu carne inflamada y abierta, porque en ella se contiene todo lo animado y lo insólito  Las mortales sacudidas del aire, la voz cruel y amorosa,  la voluntad salvaje que bulle en el centro de los poemas. Los infiernos móviles donde gravitan  pájaros tullidos follando el revés del silencio, concluyendo o instaurando épocas en apenas segundos.

Pienso en la verdad orgánica que enerva el músculo, en la derrota de las piedras frente a la deidad feroz. En el amor nocturno de los insectos por la luz, en la exasperacion del nervio tras el deseo concebido, en el tumulto de olor agridulce e hiriente de todas las primaveras empujando al éxodo que devora cuerpos.

Mis voces mas siniestras, las que circundan la huida de arena de entre los labios, las que saben de los amaneceres que se desprenderán de estas retinas hasta lo subterráneo, esas, las de mirada purpura que oran la grandilocuencia de tu sexo y se comen la tierra a puñados, esas, han orquestado ante los restos aún rezumantes de tu mano, una coral de gato famélico.


A jirones..


 Tras los encajes y  juegos de bolillos de las noches en que las paredes supuran silencio, agazapado, acechante, hay un animal nostálgico sintiendo el escalofrío que parte la espalda hasta postrarlo de cara al viento.

En medio del bosque los animales se sueñan indomables, con la memoria de los músculos tensos agreden la pretenciosa tristeza de los arlequines. Respiran la catástrofe de sus heridas abiertas, saborean el color de la cólera llenos de amor por la duda salvaje, en espera, que al ayer se le haga costra y reanudar la batida por los límites de los otros, desordenados.


La procesión de espantos


 ...tras los párpados un viaje, las hebras inquebrantables del pulso que conformo el afán de hallazgo, siempre, mas alla de los limites del horizonte, al otro lado de la pajarera de diseño en la que pretendemos libertad, lo inexplorado, exultante de pasos hacia el  propio conocimiento..


Posas las yemas, y el lenguaje se reordena como en una procesión de espantos clamando belleza. Siempre hay una efigie que tallar, honrando así la memoria de lo que carecemos, como en un funeral de huertanos arrasados por el hambre donde prevalece el rumor de risas fantasmales en los jardines que se nos negó transitar, y el siseo, ese gravitar del subconsciente citando la brusca y corrosiva seducción.

Se puede dar que las retinas se desprendan de sus elipses rutinarias, y broten incontenibles universos fosforescentes que se compactan en una mecánica de pulsaciones sobre el teclado, instante en que la idea se ofrenda a los labios de la intuición y bulle el verbo,  burda semejanza de acción para los presos del pensamiento. 

Un poco vivos, un poco muertos, como cuerpos colonizados y mal heridos a merced de la corriente. A lomos de palabras, en un apresurarse que transcurre entre paredes, entre lo tallado a fuego y lo manufacturado.

¿Que es ser sin  Palabras? Asidero de virtud cuando el mundo deja de rotar enloquecido y adquiere coherencia  el grito del loco recluido en su propio laberinto.


Sucesión de significados rotando alrededor de un organismo, aconteceres absurdamente irrelevantes en su mayoría  fuera de los margenes de este contenedor de palabras que somos. Intrascendentes para el devenir del universo, voraces en el ciclo de primaveras, vibrantes los días soleados en los que brama la piel la urgencia de esas minucias para los parásitos de nuestra especie.


¿Desde dónde...?


¿Desde dónde se precipitaba el eco de atemporalidad que suspendía las partículas mas allá del aqui, que confluidas en brisas, anidaban bajo la piel tornando la inercia en efervescencia?

Que inquietante la intromisión solar para el mundo blanquecino que cargamos a la espalda, para la quietud de las tardes de invierno en que apenas queda empuje para liberar el resorte de la inmediatez, y no mas que un mascar de instantes nos sucumbe y solo queda esperar perder tanto juicio.

Y tras escribir esto, ella, con los dedos rígidos continuo ordenando facturas y delimitando la forma de como acometer el laberinto del próximo mes, tarareando su matraca de abracadabras a  los niños tullidos que fueron sacrificados en el patio del recreo.
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