Fósiles con caretas de carnaval...


No todas las múltiples ecuaciones verbales son capaces de conformar la exactitud de lo sentido, o lo ideado. La imprecisión es la luz temblorosa que escupe sobre el amanecer sus infinitesimales variables que moldearemos como poéticos marranos sobre el lodo ajeno, que es la cultura y el saber de todos los que nos antecedieron, y nuestros propios pero no irrepetibles excrementos.. Somos por lo cual las entrañas de los bastardos, dando verosimilitud a las palabras que nos hacen esclavos de lo que creemos nuestro personal cosmos interior. Un montón de nutricios despojos de otras mentes, dosis de templados vómitos en los que rescatar alguna certeza, con la que delimitar el YO... que esperaríamos irrepetible. Admitirlo, quizás resulte hiriente, pero ni existe la nada, ni la creación como tal.

El universo que nos habita es un ondulante colagge de datos y materia pululando por demasiados espacios comunes. Así que solo queda esperar lograr, el mas colorista, aromático e inquietante truño creativo, que sea percibido como la mierda mas exclusiva que la de tu vecino. Pero creadores, seres únicos, y alardes de altilocuencia no dejan de ser parches para reafirmar las frágiles fronteras de la identidad que espera escapar de la necedad.

Bienvenido al museo donde los fósiles lucen con orgullo sus caretas de carnaval, pretendiendo revestir su minúscula vitrina de el asombro de una nueva especie que estudiar... Y eso lo eres tu, y por ende lo soy yo.

Tienen tus dedos...


Tienen tus dedos la precision de desentumecer los nervios y hacerlos crepitar, aun cuando te declamas en la mas glacial madrugada, evocas afán de carantoñas voraces, segregas el regusto almendrado de las lenguas que anudadas se mofan de la muerte y reniegan del recelo.

La perversión es una linea discontinua en los limites de otros, aquellos que no quieren asolar  la insondable magnitud de esos cosmos azabache, aquellos que no perciben la fulminante sensibilidad  que reside en tu retina ennegrecida, esos mismos que aplaudirán tu silencio y jalean ante un mundo dilapidado.

Es esta la carne que acusa la ausencia de tus líricos dedos, la que enferma de inquietud y adolece de gula, sepultada en cenizas que reverdecer, donde, una cada vez mas tenue melodía, acuchilla la luna a gemidos.

La dinámica de lo impredecible.




 La vida, en su maravilla de copula feroz, inclemente, que nos sitia sin piedad ni tregua, que nos implica mas allá de la presunción de las cosas y las aproximaciones a Ser y que vislumbramos a través de la tormenta o tras ella, en la ausencia que se abre las madrugadas de lluvia menuda, dócil,  peregrinando sobre los rastros que el capricho forma sobre los cristales, sujetos, el todo, en esa dinámica de lo impredecible.

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