Y es el alma una favela..

Las miradas, punzantes fogonazos reclamando lo que se les niega o negó, tasando los gestos, delineando los limites de esa figura que pasea la misma callejuela donde, en una fugaz ojeada, se confrontan las paranoias. Y los desconocidos, pasan a ser ubicados en alguna parte de nuestro incuestionable decorado de prejuicios. Es entonces que una linea dibujada a tientas, se topa con otros trazos que nacen o confluyen desde las lineas de otra mano y, entre ambas, dan forma por un instante a ese cadáver exquisito que entendemos como la realidad.

Conjugamos miedo o enunciamos amor, y barajando todas las posibles combinaciones de ambos, cargamos la  tinta con la que emborronamos los lapsos de la ambigüedad. Lo ambiguo, las hojas blancas y desbordantes de vértigo para esa esencia en busca de significación constante que somos.

Y mas allá,  la soledad , ese punto abandonado sin frase precedente con el empaque suficiente para soportar el peso de la incertidumbre.
Y en la mente, una gran favela, un espacio convulso mediando entre un maremágnum de necesidades elementales y sintéticas, con la posibilidad.
Y en la carne, el siseo de un péndulo afilado que continua su descenso con total neutralidad...


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