Juego de astronomia culinaria


Aleah ~ Sacrificio
Cuando el aborrecimiento y el rumor de nervios que se repliegan desecándose se agolpaba en algún punto entre el clamor de piel y sangre insípida, sacrifico mis sombras amartillando los matices de los dias imposibles sobre el teclado. Escribo, desmembro la filigrana de horrores que me injertaron, tejo palabras tras juguetear con la cromatia de mis propias entrañas hasta el rencuentro con el horizonte inexplorado.

 A veces las palabras surgen pretenciosas, como una explanada rojiza de planetas descolgándose desde mis clavículas a mi vientre, un capricho de pulpa callosa agitándose enrevesada, virando entre correosos impulsos, humedeciendo hojas de papel inasibles que pasan a ser nada o el absoluto que el eco de algún temblor matutino imprime en mi nuca.

También sucede, que porciones de mis entrañas serpentean sobre el teclado citando la momentánea y macabra coreografía de la felicidad, una entrega a la improbabilidad del aliado sin condicionantes. Imaginarios resplandores pues, copulando en penumbra, acto macabro, despótico y tan necesario que la bacanal de salvajismo se vuelve un dulce adagio mientras mastico con fruición la mierda mas profundamente adherida a mis intestinos, impulso, que me hace retornar a la armonía del vació sin la existencia velada de afanes ajenos.

Eviscero sombras de mi carne, garabateo perfiles de figuras monstruosas en intimidad, con la incansable soberbia de un geómetra de temblorosas manos. Momentos estos, de sublime locura, de hemorragia lírica como antídoto al rumor de fluidos acelerado pulsos sobre una mórbida directriz.

 Escribo, porque hundir con saña mis dedos en el pecho es descerrajar lo que se me niega, porque a tientas desenredo mis tejidos hasta percibir como trascurren los actos sin culpa, porque necesito la alquimia del desorden para ser quien soy confluyendo palabras. Porque siempre hubo otro mañana en mi, porque soy todos los ecos de los gritos que di y están en ti.
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