Cosmos desleal



Hay un silencio enredandose sobre este microcosmos que sacudimos con las idas y venidas de nuestros cuerpos, un olor taciturno seduciendo la pasividad de la noche, sin peso, reordenando el trastero de mi mundo.

Ya no estas y el aire recupera la plasticidad de los segundos infinitos que escupe mi vientre... y queda ese hueco impreciso, esa sensación vacante evaporando cualquier convencionalismo enraizado entre mis vísceras. Y me retomo, mientras evacuo la pegajosa vida que mamamos y el tiempo avinagro, y retorno, a lo que siempre fui. Ese animal desguarnecido y sin mayor ambición que la seducción del ahora y todos sus fragmentos de luz con los que enhebro los inconsistentes filamentos de mi marginal reducto de paraíso.

Tu libertad es un espasmo de mi insensatez, tu entrega, una fortuita sacudida de la desesperación postrándote ante mi afición por deformar limites, creo que por ese motivo mi cerebro tejió una porción de universo para ti y quebré los acuerdos de mi destierro ante la ebria sensación de plenitud tras desposeernos de la culpa que aviva infiernos, porque los hicimos nuestros, pero luego estaba el mundo, ese espejismo inconsecuente pero reiterativo que tu llevabas a cuestas y que cargamos juntos.

No hay nada , como antes de las reminiscencias que ahora fluctúan a mi alrededor designadas a extraviar el horizonte, a la perdida en la insignificancia de lo que me rodea. No hay nadie, mas allá de mi uñas seducidas por la necesidad de destrucción, en un infantil intento que pulverice mi deslealtad a este cosmos convulso en perpetua ausencia que intuyo ser yo.

Ya no estas y el aire recupera la plasticidad de los segundos infinitos que hierven en mi vientre...

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