A voz de pronto, en la acera...


He salido a pasear en una inusualmente calida noche de septiembre, manteniendo un discurso bastante coherente sobre la idea que sacudió el teclado hace un rato y sobre la que pretendia dejarme ir y posiblemente me sera imposible traspasar al papel. A veces ocurre, los mejores textos se escriben de parpados para adentro y cada paso sobre las aceras se torna esa palabra esquiva que cita la calma anudandose en la memoria...
 Es extraño y magnético asistir a la ciudad desnuda, al escenario inerte de la realidad disparatada y pulsatil que se restaura cada amanecer. Ahora, que apenas quedan actores para dar credibilidad y realismo a su esqueleto de cemento, en este momento que la luz es apenas un cómplice ocre de los secretos, emite un cierto halo de belleza, como la figura distante de un león dormido recortando el horizonte, a la espera, sabedor de la llegada de la oportunidad en forma de error o debilidad que le suministrara su próximo alimento.
 Me pregunto mientras me mece en su ronroneo eléctrico... cuan voraz sera esta ciudad frente a cada vez mas almas desguarnecidas? No creo que deba imaginarlo, debería dejarme dormir. No hay palabras pidiendo paso en la boca del estomago, al menos no esta noche... así que dejaremos las sensaciones y el tiempo trascurrir.

4 comentarios:

  1. tu entrada me ha recordado un poco a "la noche" de guy de maupassant con la diferencia que él se muere y tú te duermes.
    un saludo.

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  2. Las ciudades se engullen sin piedad nuestras emociones...Un abrazo.

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  3. Un texto que surgió de una caminata...magnífico. Suerte que lograste atar las ideas a tu memoria.
    =)
    Un abrazo

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  4. La ciudad se lo devora todo, igual que la pobreza...hay un verbo que busca ser conjungado

    mi beso.

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