A tientas... el aire.


La casualidad era una dadora de instantes, una ciega mano arañando a tientas el aire y aprisionando la aturdida mariposa de entre las leves formas calladas de la realidad. 

Me pregunto quien sabiendo su condición cederá al caminar desconcertado, con el resto. Sin rumbo ya a la grisácea serenidad que se extendía en el reverso de nuestros parpados, sin los sentidos errados, porque que ahora sin opción, despiertos, eramos la noche y el desvelo y el vació por el trascurrir, porque las mañanas en la ciudad abrasaban cualquier amago de estoicismo.

La nada como contenedor de los lapsos que se daban como precedente a lo inevitable, la batida de madrugadas tras los anhelos sujetos a las trampas del lenguaje, deambulantes sobre las arenas rimadas del destierro germinado absurdos sobre el limo de nuestro sinsentido como bálsamo a tan implacable realidad, y agradecidos, por paladear en ínfimos instantes la excepción a su eco aunque ignoráramos que cortejábamos la mas mórbida desesperación.
Vivos pese y aun, mediando entre la caducidad de estos cuerpos que claman trascendencia como novicias humedecidas orando a su propio ego de madera muerta, por si esta fuera la redención a la quema.

¿Como así, no ceder a elucubrar que en la demorada huella de este espacio yermo, mas allá, se despliega  un horizonte sereno de belleza que no sugiera daño?  Quizá estos pasos, los que ahora dábamos eran el principio de lo terrible, de reencontrarse en otra retina que un día entregaremos a la nostalgia que sera la magnética compañera de nuestra insalvable soledad.

Eramos ahora todo intención, base para el génesis de las carencias a suplir, aire no viciado de la burbuja represiva que se instauraba con cada amanecer enfrascados en el trasteo de letras solemnes, erguidas como el deseo, inflamadas por el ansia convocando la revuelta de nuestros labios aspirando al sosiego del después, del tras, con la piel ya vacía, sin recamara de oníricos posibles para comenzar el metódico juego de numerar una a una las vertebras que nos conforman y distraer, el vértigo de los segundos que se escapan.

No voy a hablarte de los guiños climaticos del dia, porque el tiempo se diluya entre cada parpadeo ensimismado en su continuidad que no detendrán ni las calidas salivas compartidas. Hoy no. Merece este ahora inabarcable quebrantar la condición de la sensatez, aparcar el conglomerado de hechos en bullanguero desfile por el mundo, su artificio de amores de útil y dejarse, de nuevo, dormir... cuando el atardecer se sonroja y apabullado claudica a las sombras en busca de libertad y la materia comienza su baile siniestro con el pensamiento.
Dejarme ir...  para sentir que quizás, allá de aquí, allí, nuestro viaje iniciatico desconoce su fin.


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4 comentarios:

  1. ...me quedo meditando sobre "el génesis de las carencias a suplir"...creo que puede resultar ser un muy importante punto de partida para el camino de introspección.

    Un abrazo

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  2. Dejarse llevar, la fe nos mece...Un abrazo.

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  3. A veces la compañia es solo soledad. Caminar solo no es estar solo.. ¿no?

    mi beso.

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  4. Neogeminis... en la definición de la RAE sobre el amor aparece lo siguiente.
    AMOR; Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

    Partiendo desde ese punto, solo un ser perfecto o desconocedor de sus propias carencias escaparía de esa necesidad constante de génesis.
    Medita, pero no demasiado, que la introspección tiene sus riesgos. ;)

    Un abrazo guapa.

    Dario... entre tanta convulsión, que necesario es ese ritmito sedante.
    Ah, deliciosa tu intemperancia verbal.
    Un saludo

    El Caligrafista...No se, la soledad no deja de ser un enfoque supeditado a nuestra experiencia previa a la hora de ver colmadas nuestras expectativas para con otros.
    Hay días para todo... ¿No?

    Musu.

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