La estrategia del mosquito





El cielo congestionado de nubes es, en esta tarde, la perfecta momificación del movimiento. El manto blanquecino a la espera de que la parca luz se deje seducir por la oscuridad.

Me gusta la noche, su llegada, el poder de sublimación que emerge de todos los recovecos silenciados de la ciudad de los anónimos. La caricia magnética que destilan las horas cuando la haces tuya, cuando dejas que su belleza germine en ti los acordes de su sinfonía enmudeciendo el pensamiento.

Eso es la belleza para mi, la ansiada quietud invitando a las sensaciones a permanecer expectantes del instante, la efímera plenitud gravitando sobre el vértigo. Las retinas inflamadas escapando de sus órbitas, quebrando las elipsis rutinarias y abriendo nuevos espacios por donde fluctuar buscando el asombro de lo mínimo. Lejos de verbos pretéritos y herrumbres, de la consciencia elaborando concordancias con un mundo al que siente ajeno, de la dislocación del ser frente al tiempo, de los dedos mancillando el lenguaje etéreo.

De esto mismo me hablan están notas filtrándose a través de los cascos, de la imposibilidad de tu existencia sin la certeza de tu convulsión, de la necesidad de percibir el pausado vaivén de tu dialogo antes de la violenta desintegración de la razón.

Sutil, así casi mortecina, con el enigma iluminando tu piel al trasluz de una luna arañando las nubes, rompería el refugio de tus encajes secuenciales tras los que te insinuás plena y magnánima, y bebería de todos tus labios, todos los lenguajes y mi propia carne.

De momento tendré que conformarme con los momentos que, con la estrategia del mosquito, logre robarte.

Los aspirantes a difuntos




Descontar una a una las palabras australes, dejándose en el humo sin renuncias, fluctuando en el ideario de la proyección, imprudentes, como la disolución verde azulada de tus ojos cruzando a la orilla malva, como las retinas homicidas sujetas en esa flor insólita que brota de entre las pestañas.

Hay una entrega singular en los aspirantes al luto, una gravitación de tinieblas que persuadidas,  corren tras las luciérnagas que los encaminan a la mas sublime perdición. Regueros de pólvora ávidos de fuego, que se dejaran arder, carentes de la fe en los difuntos milagros que la ingenuidad trasmite, dementes e imantados, esperando la confluencia del instante donde lo que fue, se desintegre en un nuevo horizonte de sucesos.

Del aire se precipitan cosas diversas, restos de la irrealidad invadiendo nuestros universos  y, con la implacabilidad de un sumidero, engullimos vida y cochambre, bailando ebrios sobre la perpetua espiral que nos consumirá.


Y es el alma una favela..

Las miradas, punzantes fogonazos reclamando lo que se les niega o negó, tasando los gestos, delineando los limites de esa figura que pasea la misma callejuela donde, en una fugaz ojeada, se confrontan las paranoias. Y los desconocidos, pasan a ser ubicados en alguna parte de nuestro incuestionable decorado de prejuicios. Es entonces que una linea dibujada a tientas, se topa con otros trazos que nacen o confluyen desde las lineas de otra mano y, entre ambas, dan forma por un instante a ese cadáver exquisito que entendemos como la realidad.

Conjugamos miedo o enunciamos amor, y barajando todas las posibles combinaciones de ambos, cargamos la  tinta con la que emborronamos los lapsos de la ambigüedad. Lo ambiguo, las hojas blancas y desbordantes de vértigo para esa esencia en busca de significación constante que somos.

Y mas allá,  la soledad , ese punto abandonado sin frase precedente con el empaque suficiente para soportar el peso de la incertidumbre.
Y en la mente, una gran favela, un espacio convulso mediando entre un maremágnum de necesidades elementales y sintéticas, con la posibilidad.
Y en la carne, el siseo de un péndulo afilado que continua su descenso con total neutralidad...


Mareas en la contradicción




Somos marea y calma.
Átomos convulsos en un grano de arena
Gritos y susurros frente al capricho de mil universos
Una fracción de un todo irresoluto sin espacio en la ecuación
gestando versos entre el ayer y el mañana.

No hay métrica perfecta sobre el trapecio del desequilibrio...
Y somos de aquí, y de allí...
De briznas de viento, de lluvia fugada.
Centelleo de oro entre la escarcha
pálido cobalto sobre la duna de la esperanza.

Somos el eco del grito de ayer
el silencio confesor de la nada.
Una partícula somnolienta de roció sobre la almohada
Alivio en ocasión y musas anestesiadas entre pasado y negación.

Lamento impulsor que se reniega en la mirada,
pausa en los cuerpos 
entre voz y el atlas de una espalda.

No caben certezas en nuestro jardín lastimado tras la pedrisca...
Y vamos de aquí, para allí...
Entre comienzos y finales..
entre lascivas iniciales e indelebles apodos.
Aleación de carne masticable y amor
ternura resignada armada con zarpas de dolor.

Somos amargor y melaza
Nieve redentora en el edén
sueños yermos que florecen abonados por la sinrazón.
Frágil plenitud de vació.
Culminación divagante de la suma
No existe adecuación en el reino sin guion...

Míranos...
somos un mar de contradicción que se bate en oleadas.
La nimiedad aceptada que centellea ilusiones junto a rosas derrotadas.

 Aproximaciones del ser,
o no...


Lineas difusas...




Esta noche abarrotada de luna, el sonido de un cigarro al prender es sometido por la efervescente primavera seduciendo las cortinas de mi habitación. Hay una neblina de posibilidades flotando en el aire que te busca, aire que invade y corroe lentamente mi carcasa, esta que te sueña como anestesia, esta carne desocupada e inconclusa. 

Hay amaneceres entre demoras y jadeos surcando océanos de tiempo y equivocaciones, unos dedos que se observan húmedos sobre el teclado y se imaginan amasando, masticando, las lineas de tu carne. Están las yemas de estos dedos criminales desasiendome el alma, licuando parte de los tejidos que acapare en mi memoria, para así, lentamente poder succionarte.

Maldita sed de ti enferma, que se acrecienta al compás de unas notas variables, que entre calada y calada bebe de los rayos de luna derramándose sobre los charcos que el vaso vació formo. Sed epidémica que brota de los rincones traslucidos de mi voz, que rasga mi garganta, que fecunda de esperma el techo de este reducto de rebeldía, en el que sobre las estanterías se amontona polvo y vida.


Siempre ahí, ingrávido e intangible, humo inestable de este cigarro que me acompañara al amanecer rompiendo de dentro hacia fuera la carne de mis labios, y jaleo a la luna llena, que me de tregua, pero es una fulana consentida, la incertidumbre que moldea a capricho mis arterias, la partera de esta tragicomedia que siempre me avoca a la perpetua interrogación.


Me agota la sucia voz del delirio, la ebria ternura invocando borrascas que desgasten el ardor de las entrañas, estas obscenas vísceras que me enredan a la madrugada, estas que juguetean entre lineas con un arma imprecisa llamada "Palabra".


Te nombro, bajo mi edredón de pájaros muertos, te busco en el impersonal discurso del amanecer sobre las aceras, en la inmensidad del universo que el silencio de la ciudad autómata me susurra al oído. Te ideo, con el sudor derramado sobre este colchón anorexico de besos que te aloja en su ahora, que quiere ver morir la luz del atardecer en tus retinas. Contemplar entre los pliegues de nuestras ausencias y temores, el transcurrir de un tiempo que no daña, que se perpetua abrazando la mecánica de las lubricas estrellas invadiendo la totalidad de la noche con su oda seminal, y ser, solo presa de la sensible presión de un deseo, que cómplice, reniega de la contención, y volver a sentir el germinar la frágil hierba en este desierto lleno de avenidas.


Me encaramo al mundo esta noche sobre la mugre de una realidad con la que no comulgo, siendo la torpe pasajera de un átomo convulso a punto de detonar, extiendo mis manos hacia el horizonte, y pretendiéndolo masturbar, le pido que declarare...
cual es la difusa linea que separa lo intangible de lo real.

Y siempre el viento...


Y sabia que no la amaba, y sabia que solo la usaría como quien derrama una botella de tequila en sus entrañas para acallar las penas, pero ella deseaba sentirlo suyo, que entrara, que sus deseos confluyeran en la calidez de su cuerpo, que se vaciaran del olvido empeñado en compartir sus almas.

Con un cierto desdén animal la empujo sobre el colchón y la desnudo arrancándola la ropa sin contemplaciones. El viajo por su piel lamiéndola, amasándola  desmenuzandola entre tiernas dentelladas, como si quisiera arrancar alguna certeza de esa criatura extraña que se entregaba a su delirante forma de amar. Viajo hasta su sexo humedecido por el deseo y lo libo como un colibrí inquieto ebrio del mas jugoso néctar, nutriéndose de las serosas palabras que esos labios compartían a su garganta ávida de vida. Su cuerpo se estremecía bombardeado por la excitación mientras el seguía vagabundeando por las veredas de su sexo. La sujetaba fuertemente las manos, obligandola al ardor contenido.
Ella deseaba percibir la firmeza de su desgarro expandiendo su voz tan llena de silencios, alargar el preludio de lo ansiado, quería ser ella quien marcara el ritmo de esta carnal batalla, descarnarlo, atraparlo y acomodarlo al ritmo de su respiración, situarlo preso de sus delirantes jadeos que, entre perversos susurros lo incitaban a derrotar los limites de lo racional. Tras un huidizo beso, dio paso a las solidez de su miembro embistiéndola una y otra vez. Desordenado, libre hasta desbaratarse en su interior, quebrando la quietud de la madrugada con un visceral gemido.

 Andrea fingió dormir cuando dos horas después su casual amante huía furtivamente de la habitación de aquel barato hotel. Cerro los ojos, y navego por sus sueños inconclusos, evadiendo aquella hiriente realidad. Soñó que la soledad no volvería alojarse en su alma y allí, entre los restos de la batalla, durmió.

 Soberbio y pleno, el sol preño el comienzo del día desdeñoso de cualquier atisbo de la pasada oscuridad. Una tibia brisa entro en la habitación envolviendo las cortinas de una momentánea sensualidad que, en su camino, encontró el cuerpo desnudo de Andrea que yacía despreocupado sobre las sabanas que apenas llegaban a cubrirle los muslos. Abrió los ojos y desperezándose se zafo de los brazos de Morfeo. Observaba embebida y absorta la danza de telas, que anunciaban su llegada. Tendida sobre la cama, con la lasitud todavía amordazando su cuerpo, lo espero. Fue fugaz pero enormemente placentero, su piel se estremeció, miro hacia la ventana deseosa de la próxima oleada, citando a ese sutil amante a poseerla, retándolo de nuevo a la lucha…Como disfrutaba de aquello.

Hacia ya mas de diez años que aprendió a jugar, tiempo en el que se entrego sumisa a su sempiterno amor . Lo hizo cuando su cuerpo efervescente por los cambios la llevaba a buscar una secreta intimidad en la que, insegura y convulsa, experimentaba con los rincones mas secretos de su piel, imaginando que se desfiguraba como un delicado castillo de naipes en manos de la imprevisibilidad.

Fue en uno de esos momentos robados a su niñez, mientras jugaba con su sexo adolescente, cuando todo comenzó. Fue un día caluroso, lleno de sol, mar y arena lo que la incito, una vez caída la tarde, a buscar alivio a su piel enrojecida bullendo herida tras largas horas de retozar como una lagartija por todos los rincones de la playa . Y fue allí, bajo el afilado frescor del chorro de la ducha con que intentaba calmar el quemazón, que apareció.
La hipersensibilidad de su epidermis la regalaba un maremágnum de sensaciones inexploradas, caminos dibujados por el agua que despertaban hasta el mas minúsculo receptor sensitivo de su todavía tierno caparazón. Hostigandola, elevándola hacia un grado de agitación que nunca antes había experimentado, se dejo ir... Sus pezones amenazando el aire, la sacudían con leves punzadas que se extendían por cada fibra de su cuerpo. Sutiles latigazos que la hacían estremecer. Se imaginaba como una guitarra tensa, lista, preparada para la ejecución de la mas febril melodía, ansiando el gozo, el discurso de una mano amiga alejandola de cualquier espacio que no oliera a la derrota de sus fantasías. Desbordada por la quemazón de la pubertad agolpaba entre sus muslos, pidiendo paso para estallar desbordando el tiempo, dio con la complicidad el azar, de los caprichos atmosféricos regalandole al amante perfecto.
Ocurrió, así sin mas, filtrándose a través del pequeño ventanal del baño que siempre quedaba abierto. Indolente, fugaz, intangible pero perceptible, confabulado con el agua, el inesperado incendio acariciaba su cuerpo en oleadas, envolvente, arrastrando su razón al borde del dulce absurdo que era el orgasmo.. Extendió sus brazos sobre las baldosas del baño, sintiéndose subyugada ante la detonación de placer de cada partícula de su ser. Entregada, sin pudor, dispuesta a ser asolada por esa perfecta orquesta de la química que obligaba a su cuerpo a bailar entre espasmos de placer, al son de ese voluble, e irreverente elemento que la exorcizaba de ella misma, ráfaga a ráfaga lograba que el mundo se desdibujara como un grabado de tinta en la insignificancia de un charco.

Y allí, en la soledad del cuarto de baño, fue que detono de puro éxtasis empapando su sexo de aquella densa savia que se licuaba entre sus muslos. Palpitando en el vórtice de la aniquilación de su pensamiento, sintiendo durante un instante el analgésico y acerado beso de la muerte, sus manos tentaron el aire hasta lograr aferrarse a cualquier porción de la realidad, que resulto ser, aquella estúpida cortina de textura gomosa y patos en rocambolescas escenas circenses, que la acompañaron hasta el orgasmo.

 Susurrandola secretos vertidos en noches de amantes ebrios de fervor, el viento, su fiel amante, el que la colmaba con su presencia y sus envolventes caricias. Ese que, incondicionalmente la amaba. La llamaba una vez mas a la vida en aquel estéril y sórdido hotel, donde la brisa de la mañana y la soledad amiga llenaban ese escenario deshabitado.

Y aún sin saber...



No sé cuanto tiempo podría permanecer estático el universo en tus retinas, ni de como adquirirías la capacidad de rasgar el continuo de la irrealidad trasportandonos a esos paisajes que se nos debían como postreros recuerdos, a los que acudiríamos para enhebrar de nuevo los labios si alguna vez el tedio nos hiciera distantes compartiendo el mismo sofá. No sé, si el amor es mas la voluntad de habitarlo tras la muerte del ideal de esos cuerpos que se entrelazan a tientas empujados por el anhelo de la ebriedad o, los continuos sobresaltos de piel en piel hasta amar lo que el otro reconocido jamas sera. No lo se. Lo poco que logro dilucidar de esta melodía que se distorsiona a ratos, por el bullicio del tugurio que son las calles y sus espacios, es que te necesito habitar.

 Desconozco si llegaremos a ser algo mas que un montón de fotogramas difuminados por el trascurrir de los días junto a un montón de letras desordenadas sobre una cama que releeremos las tardes ausentes de buena lluvia, buscando lo que fuimos, royendo momentos con el corazón un poco mas envejecido, o si podríamos dejarnos ir a lomos de un piano dementes y ajenos, con la suficiente obstinación para esquivar el desencanto de ver nuestra imperfecta desnudez mas allá del misterio, y rebautizar paso y traspiés después, como la acogedora y reconocible morada en que aun vencidos nos quedara aire que respirar.

 Y aún sin saber de ti, sin llegar a poder percibir la certeza de que si esta calidez que se ha propagado desde mi pecho hasta lograr enrojecer la tarde es mas una necesidad o una costumbre, aun sin conocerte te siento alojado entre la ensoñación y el apremio de mis vísceras como un eco de semejanza de esta partitura que siempre fue para ejecutar a cuatro manos.

Senderos... (Iridio)

Halou-Today

Pulso, de estrellas... de mar. Partículas del cosmos apelmazándose en sinuosas estelas, arco iris secantes y bálsamos tropicales, alquimia de millones de átomos perfilando senderos transitorios en su fulgor.. Espectros en esta tarde, de caminos y bifurcaciones que darán todas al mar.
Rugir... de olas anónimas acorralando mañanas. Estruendo, que rompe sobre el ayer, y muda en estelas espumosas en el presente.


Clepsidras ajadas licuando recuerdos mientras pasean... Bocadillos en papel de plata engullendo amores estacionales… Jade burbujeante humedeciendo el alma, retinas pululando sobre la incógnita de un horizonte que anhelan cartografiar, sexos clandestinos acurrucados entre serpenteantes algas... caricia indolente de radiación solar. Coral rojo que se enciende, plenitud de vida, bella fugacidad.
Proyecciones intensas, longitudes de onda variables, cascada de albaranes canjeables por visos de eternidad cuando llegue el invierno.

Hoy disecciono, con mis yemas amotinadas las pinceladas de este océano indescifrable al abrigo del silencio exiliado de los arenales, y me dejo... en calma, en espera del oro gradual que abrace lentamente esta costa.

Luz… en dispersión cribada por el blanco folio que amasa castillos iridiscentes, cuando las alas de las gaviotas lo invitan a la ausencia en su azul peregrinaje. Agrupo,uno a uno cada matiz cosechado,y compacto las partículas exfoliantes para la desnudez de esta tarde.



De mariposas...



Una mariposa herida de viento lame el salitre de los ojos de los caimanes, deshilachada, encogida,  revoloteando sobre el zoológico de los absurdos.
Un parque de atracciones sin luces, y una noria perpetua sin firmamento, se convierten en los versos de los reptiles que solo mascan tedio. Dos fósforos consumidos, sobre unas entradas para un concierto en Do sostenido, que se dan de bruces con el oxido de las tuberías.

Bacanal de moscas merodean una corona de nomeolvides que, sobre las hojas de un cuento emborronado, entre grises descompuestos y  parpadeos de luces sintéticas, asemejan en la noche, el centelleo de las estrellas.

Y en los burdeles de entrevias, las reinas de las fantasía acicalan antifaces con agonía,  retando a la locura de los poetas con el perfume de la carne descompuesta, y sacan lustre a sus rutinas,  y se masturban, escriben y alucinadas, afrentan a la polla excelsum por excelencia,  sutiles invitaciones a la mesa, de la mugre de la perfecta muerta.


Un destello de luz



Destellos de luz

El humor tiene la virtud de distanciarnos del dolor, tiene la licencia de romper los dogmas y los prejuicios porque la broma, amparada en una mecánica casi infantil, cuestiona todo lo que entendemos como inamovible.

El humor es un destello de luz fruto de la inteligencia, es la denuncia de lo atroz a la estupidez más elitista, es la sacudida que lo arrastra al absurdo como forma de ajusticiamiento.

El humor nos hará libres, ya que no había manifestación mas violenta ante la consciencia de nuestra inevitable muerte y frente al vocerío de un mundo lleno de despropósitos que nos abofeteaba que, el sonido liberador de una carcajada.

Me jode que se malogren las buenas palabras. Jugar, reír... palabras corrompidas quizá por los que se asumen adultos pret a porter, y hacen suya todo esa oleada de agresividad y competitividad soslayada que supuran las relaciones en las calles.

Que no te hiera el trasfondo de mi risa, como casi todo, depende de en manos de quien caiga. No me/te tomes tan serio, por mucho que te esfuerces, ya sabes, aquí no quedara ni el apuntador.

Me bastaría bien poco...



Me bastaría bien poco. Lo inalcanzable, lo vulgar y áspero de nuestra ternura sacudiéndose
 hasta hacer desaparecer el mundo
Dos copas de vino a la deriva sobre un continuo de complicidad y franqueza, y la piel, sus diálogos sudorosos en nuestros cuerpos hostigando el entendimiento.
Bien poco para acabar  regurgitando exabruptos y provocaciones a lo convencional, tambaleándome sobre tu voz, quebrada, porque habitábamos ya la misma luminosa desolación.





Dijo ella...

Low - Words

La tragedia como fulana dadivosa siempre se entrega a la tierna y glotona ensalivacion de nuestro ego, como no amarla pues en medida de sus promiscuas atenciones rescatandonos de nuestras horizontales  y planas existencias. Es tan consustancial al hombre como el ímpetu que nos sacude ante la consciencia de nuestra propia fragilidad y finitud.
Escribo esto, mientras me cuestiono porque pretendo enmarcar un mensaje difuso con mis razonamientos y el motivo de que relea las cinco primeras lineas sintiendo que me desnudo codificada velando una sensación que se licuo en sombras como el rubor incandescente de esta  tarde de septiembre.
No hay respuesta, ni en el humo que se contonea entre mis dedos y el teclado ni sobre el montón de ceniza acumulada sobre la mesa. Quizás, y digo quizás ahora, en este momento donde unos acordes desbaratan un eco sin replica que se adhirió a las paredes mucho antes de que se instaura la soledad material, sea preferible entregarse a la puta versada por milenios (embriagante tragedia) que la atrofia de emociones.
Hay un suministro inagotable, un interminable fondo de armario, un catalogo de camaleonicos ademanes y susurros que humedecen y activan los lenguajes a nuestra total  disposición. Quebrar la rutina de los cubículos, desordenar a ratos la vida prepactada de la colmena en busca del vértigo de encontrarnos en otros escenarios y experiencias que heredamos e hicimos propios en cierta manera, delimitando así, quienes somos o seriamos si la libertad fuera algo mas que una palabra no circunstanciada formando cauces sobre esos conceptos ponzoñosos llamados cultura y sociedad.

Dijo... sorprendiéndose de ella misma, mientras mordisqueaba meditabumba aquel pedazo amargo de chocolate.


A voz de pronto, en la acera...


He salido a pasear en una inusualmente calida noche de septiembre, manteniendo un discurso bastante coherente sobre la idea que sacudió el teclado hace un rato y sobre la que pretendia dejarme ir y posiblemente me sera imposible traspasar al papel. A veces ocurre, los mejores textos se escriben de parpados para adentro y cada paso sobre las aceras se torna esa palabra esquiva que cita la calma anudandose en la memoria...
 Es extraño y magnético asistir a la ciudad desnuda, al escenario inerte de la realidad disparatada y pulsatil que se restaura cada amanecer. Ahora, que apenas quedan actores para dar credibilidad y realismo a su esqueleto de cemento, en este momento que la luz es apenas un cómplice ocre de los secretos, emite un cierto halo de belleza, como la figura distante de un león dormido recortando el horizonte, a la espera, sabedor de la llegada de la oportunidad en forma de error o debilidad que le suministrara su próximo alimento.
 Me pregunto mientras me mece en su ronroneo eléctrico... cuan voraz sera esta ciudad frente a cada vez mas almas desguarnecidas? No creo que deba imaginarlo, debería dejarme dormir. No hay palabras pidiendo paso en la boca del estomago, al menos no esta noche... así que dejaremos las sensaciones y el tiempo trascurrir.

A tientas... el aire.


La casualidad era una dadora de instantes, una ciega mano arañando a tientas el aire y aprisionando la aturdida mariposa de entre las leves formas calladas de la realidad. 

Me pregunto quien sabiendo su condición cederá al caminar desconcertado, con el resto. Sin rumbo ya a la grisácea serenidad que se extendía en el reverso de nuestros parpados, sin los sentidos errados, porque que ahora sin opción, despiertos, eramos la noche y el desvelo y el vació por el trascurrir, porque las mañanas en la ciudad abrasaban cualquier amago de estoicismo.

La nada como contenedor de los lapsos que se daban como precedente a lo inevitable, la batida de madrugadas tras los anhelos sujetos a las trampas del lenguaje, deambulantes sobre las arenas rimadas del destierro germinado absurdos sobre el limo de nuestro sinsentido como bálsamo a tan implacable realidad, y agradecidos, por paladear en ínfimos instantes la excepción a su eco aunque ignoráramos que cortejábamos la mas mórbida desesperación.
Vivos pese y aun, mediando entre la caducidad de estos cuerpos que claman trascendencia como novicias humedecidas orando a su propio ego de madera muerta, por si esta fuera la redención a la quema.

¿Como así, no ceder a elucubrar que en la demorada huella de este espacio yermo, mas allá, se despliega  un horizonte sereno de belleza que no sugiera daño?  Quizá estos pasos, los que ahora dábamos eran el principio de lo terrible, de reencontrarse en otra retina que un día entregaremos a la nostalgia que sera la magnética compañera de nuestra insalvable soledad.

Eramos ahora todo intención, base para el génesis de las carencias a suplir, aire no viciado de la burbuja represiva que se instauraba con cada amanecer enfrascados en el trasteo de letras solemnes, erguidas como el deseo, inflamadas por el ansia convocando la revuelta de nuestros labios aspirando al sosiego del después, del tras, con la piel ya vacía, sin recamara de oníricos posibles para comenzar el metódico juego de numerar una a una las vertebras que nos conforman y distraer, el vértigo de los segundos que se escapan.

No voy a hablarte de los guiños climaticos del dia, porque el tiempo se diluya entre cada parpadeo ensimismado en su continuidad que no detendrán ni las calidas salivas compartidas. Hoy no. Merece este ahora inabarcable quebrantar la condición de la sensatez, aparcar el conglomerado de hechos en bullanguero desfile por el mundo, su artificio de amores de útil y dejarse, de nuevo, dormir... cuando el atardecer se sonroja y apabullado claudica a las sombras en busca de libertad y la materia comienza su baile siniestro con el pensamiento.
Dejarme ir...  para sentir que quizás, allá de aquí, allí, nuestro viaje iniciatico desconoce su fin.


.

¿Que mas tiene que pasar?


...estamos demasiados aferrados a lo poco que nos hicieron creer que poseíamos, demasiados aislados temiendo el recelo del compañero de autobús, del metro, del vecino, del anónimo con el cruzamos la mirada, presos en los prejuicios que nos enseñaron. Difícil recuperar la fe en nosotros como un conjunto, inmóviles... como para sacudirse con la suficiente rebeldía y constancia, para que no continúen abusando de nosotros.
 ¿Que mas tiene que pasar?

Linea de desconveniencia






Quien negara mi entrega cuando ni arrastre el alma en perspectiva, hablara la ignorancia sobre los matices de mi nombre amparada en su mediatez, masticando los restos de mi bautismal universo extàtico. No es algo que me inquiete mas allá de la impostura de versificar estaciones en un tiempo absorto en su continuo mientras la vida se proyecta tras de mi y retorno a la carrera tras la inmediatez mas absoluta.

Nadie cuestionara el desgarro de mis fibras tras los éxtasis oratorios transitando el azul, porque nadie estuvo ni estará, que no quede distante de la conclusión de todo lo que soy, en paso, sobre la ineludible linea de desconveniencia que percute el pulso en mis venas. 

Polarización...


Las piruetas de nuestros cosmos eran la genialidad de los locos follándose el asombro sobre el estercolero de fluidos que eran las calles. Me nace escribirte esto cuando te pienso, cuando me alcanzaste en ese punto preciso en que surgiste para recomponerme con tu campo gravitatorio.
 Es incómodo viajar a la deriva de los pensamientos sobre tu traslucida lengua. Es inevitable no sentir el quemazón del reconocimiento inverso, la dilatación engrosando carne y ondas ante la ansiada llegada.
 Me inquieta el aire ralentizándose, adquiriendo la necesaria densidad capaz de lubricar la madrugada hasta volverla malva, casi tanto, como percibir mi reverberación fibrilando en sacudidas llenando tus venas. Y tu sed, velocidad de escape para el flujo luminoso de las noches inexistentes. No puedo escapar de este horizonte de sucesos, de tu mundo viscoso y gris convulsionándose con mis silencios enfocándote en rojo sin desear derramarme en lo mas profundo de tu garganta. Te he nombrado el depositario de este caos, por extensión propia, porque eres el fragmento de mundo conocido con registros mas afines a esta revuelta de moléculas , otro vórtice polarizando el mas nimio fragmento de luz que nos restituiría hacia lo no fraguado. Estas con mis yemas, con mis retinas exudando celeste y mi lengua, participando de la fulminaciòn y el establecimiento de mi mi quietud. Así que... ahí lo llevas, nebulosa tarantular son el mosaico de nuestras lenguas enredadas emitiendo su radiación sobre una inexistencia simulada.

Juego de astronomia culinaria


Aleah ~ Sacrificio
Cuando el aborrecimiento y el rumor de nervios que se repliegan desecándose se agolpaba en algún punto entre el clamor de piel y sangre insípida, sacrifico mis sombras amartillando los matices de los dias imposibles sobre el teclado. Escribo, desmembro la filigrana de horrores que me injertaron, tejo palabras tras juguetear con la cromatia de mis propias entrañas hasta el rencuentro con el horizonte inexplorado.

 A veces las palabras surgen pretenciosas, como una explanada rojiza de planetas descolgándose desde mis clavículas a mi vientre, un capricho de pulpa callosa agitándose enrevesada, virando entre correosos impulsos, humedeciendo hojas de papel inasibles que pasan a ser nada o el absoluto que el eco de algún temblor matutino imprime en mi nuca.

También sucede, que porciones de mis entrañas serpentean sobre el teclado citando la momentánea y macabra coreografía de la felicidad, una entrega a la improbabilidad del aliado sin condicionantes. Imaginarios resplandores pues, copulando en penumbra, acto macabro, despótico y tan necesario que la bacanal de salvajismo se vuelve un dulce adagio mientras mastico con fruición la mierda mas profundamente adherida a mis intestinos, impulso, que me hace retornar a la armonía del vació sin la existencia velada de afanes ajenos.

Eviscero sombras de mi carne, garabateo perfiles de figuras monstruosas en intimidad, con la incansable soberbia de un geómetra de temblorosas manos. Momentos estos, de sublime locura, de hemorragia lírica como antídoto al rumor de fluidos acelerado pulsos sobre una mórbida directriz.

 Escribo, porque hundir con saña mis dedos en el pecho es descerrajar lo que se me niega, porque a tientas desenredo mis tejidos hasta percibir como trascurren los actos sin culpa, porque necesito la alquimia del desorden para ser quien soy confluyendo palabras. Porque siempre hubo otro mañana en mi, porque soy todos los ecos de los gritos que di y están en ti.

Cosmos desleal



Hay un silencio enredandose sobre este microcosmos que sacudimos con las idas y venidas de nuestros cuerpos, un olor taciturno seduciendo la pasividad de la noche, sin peso, reordenando el trastero de mi mundo.

Ya no estas y el aire recupera la plasticidad de los segundos infinitos que escupe mi vientre... y queda ese hueco impreciso, esa sensación vacante evaporando cualquier convencionalismo enraizado entre mis vísceras. Y me retomo, mientras evacuo la pegajosa vida que mamamos y el tiempo avinagro, y retorno, a lo que siempre fui. Ese animal desguarnecido y sin mayor ambición que la seducción del ahora y todos sus fragmentos de luz con los que enhebro los inconsistentes filamentos de mi marginal reducto de paraíso.

Tu libertad es un espasmo de mi insensatez, tu entrega, una fortuita sacudida de la desesperación postrándote ante mi afición por deformar limites, creo que por ese motivo mi cerebro tejió una porción de universo para ti y quebré los acuerdos de mi destierro ante la ebria sensación de plenitud tras desposeernos de la culpa que aviva infiernos, porque los hicimos nuestros, pero luego estaba el mundo, ese espejismo inconsecuente pero reiterativo que tu llevabas a cuestas y que cargamos juntos.

No hay nada , como antes de las reminiscencias que ahora fluctúan a mi alrededor designadas a extraviar el horizonte, a la perdida en la insignificancia de lo que me rodea. No hay nadie, mas allá de mi uñas seducidas por la necesidad de destrucción, en un infantil intento que pulverice mi deslealtad a este cosmos convulso en perpetua ausencia que intuyo ser yo.

Ya no estas y el aire recupera la plasticidad de los segundos infinitos que hierven en mi vientre...

Discurso final...El gran dictador



Se habla de compartir con quienes no tienen. Pero cuando alguno lo pone en práctica, se le advierte que son sentimientos adecuados para libros poéticos y no para la vida.
Piotr Kropotkin

La ciencia de adquirir riquezas está en encontrar cierta cantidad de hambrientos, pagarles tres monedas, hacerles producir por diez, amontonar una fortuna y acrecentarla de inmediato mediante algún golpe de mano con ayuda del Estado.
Piotr Kropotkin
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