La estirpe de los perplejos


Todo el pulso de los rabiosos días se quedan diluidos bajo el manto fresco de la madrugada en un ayer que nunca debió ser. Es el esperma reseco entre las sabanas que irrita mi piel, la reiteración de los errores que se roen hasta pulverizar los dientes y que convierten la boca en un hueco vació carente de ansia y armas. El húmedo criadero donde la nicotina y las palabras copulan a su antojo ennegreciendo las entrañas que reventaran sobre el teclado toda su mierda compactada, enfermando esta garganta herida y sin replica... esputando al aire su serenata de cuatro cuerdas. Obcecada, reordenando su melodía tras las perdidas en la batalla.
Me falta espacio en este salón lleno de ideas enfrentadas, para relegarte a algo menos que la burda presencia del jarrón de lirios que hace guardia junto a el teléfono que ya no desea percibir tu voz. Eres la presencia adulterada, la manca perplejidad a la que preste mis manos y esta estúpida locura sin tasa que me conforma, confiando en que, una vez derribado a puñetazos tu propio laberinto, tendrías a bien restituir con algún fragmento de tus vísceras aquello de lo que te alimentaste.
He de admitir, que me gustaría ser capaz de poder desmenbrarte con la exquisita precisión de un maníaco en pleno frenesí homicida y acallar parte del desgarro por donde se me escaparon las tardes de abril, pero tengo la certeza que no hallare mas que un nauseabunda telaraña de demagogia para incautos y sangre coagulada. Un arenal baldío de detritos de estrellas, lo que me aleja de la idea de asomarme mas al abismo de tu ser, pero dueles. No por la magnitud de tus dentelladas o su vigor, es que mi cuerpo de frágil y nutritiva gelatina cuando se trasluce mas allá del quedo papel tiende a desformarse entre alaridos, aun manteniendo su esencia. Pese a ti o a mi, sigo extendiendo mis manos al horizonte pretendiendo masturbar su contenido ilimitado de elegancia descreída.
Me seduce la vida, su convulsión arrastrándome a los margenes fronterizos de la dicha o la desolación, la efervescencia de cada amanecer prendiendo roció en la hierba mas allá de este desierto de avenidas, el envite de las miles de retinas en el día a día mas allá de tu pueril abrazo.
La gélida simulación de tu vuelo desalado por el trampolín de mis hombros, revoloteo de un cupido caprichoso haciendo alardes de una libertad que nunca llegaste ni a presentir, no ha logrado aniquilar el afán de resistencia de una simple mariposa. Tus coreografiadas rabietas, no son mas que los estertores de otro pedazo de carne muerta succionando la velocidad que habita en mis arterias, quizás hayan logrado debilitarme pero... un parásito alojado en mi ventrículo izquierdo disfrazado de pobre chico apaleado, no va ser mas que un achaque que el tiempo restara de mi desenlace. Tan solo queda ya, aplicar el desinfectante sobre el aire que violentaste con tu discurso manoseado y sobre las templadas babas sin entidad fulminante.

La Susodicha.

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