
Resulta extraño ser la espectadora de la desfragmentación de la presunta realidad a través de la ventanilla del autobús. El mundo trascurre veloz y ajeno cuando la materia se simplifica en miles de millones de datos oscilando sin la modulación del ego dándole forma, cuando el pensamiento cuestiona su propia raíz y ya solo se percibe el sufrimiento como el eco de una maquinaria obsoleta e impuesta.
La grandilocuente urbe, no es apenas ya, una amalgama de ideas exánimes que no logran herirte, porque minutos atrás dejaron de tener la capacidad de resistir a la oleada de las sustancias que se extienden mas allá de tu cuerpo, impulsadas por ese fogonazo interior que desenmascara el origen de el dolor y lo tangible se torna un caldo energético cognoscible sin virtud de merma.
La totalidad de lo que te rodea es desnudado por ese nuevo filtro que se instala en tu retina y que de forma instintiva desenreda la maraña de prejuicios, paradojas, necesidades e hipocresías aceptadas que conforman la (tu) realidad, pero ahora, el dolor es tenue, un indicio de que persiste en tu interior la humana búsqueda de la concordancia y la afinidad.
Estas ahí, con tu mejilla recostada sobre tu mano observando como las escenas trascurren sin voluntad mientras tamizas el entorno y eres, en el ahora, una corriente que fluctuá sobre la atmósfera transitoria compartiendo asiento y dirección con otras lineas paralelas. Sentada e ingravida al mismo tiempo, alojada en el centro de una fisura entre dos universos, caminando por los margenes donde los parámetros se licuan convirtiéndose en una nada que exhala plenitud.
Tu cerebro no necesita elucubrar hipotéticos mañanas, ni formularse complejas ecuaciones para afrontar el simple hecho de vivir, así que los espacios urbanos, los recelos implícitos en los ojos que comparten contigo el autobús pierden su poder. Ya no hay conflicto cuando el entendimiento surge mas allá de la ideaciòn y te muestra las rejas que conforman nuestros cerebros, cuando este no prevalece frente a lo efímero de toda condición.
Sientes la aceptación de tu poder y sus consecuencias en este cumulo de masa hermanada con la totalidad, te sabes fruto y perpetuación de aquel rumor primigenio que conformo el universo... una voz mas en un océano al capricho de las mareas, de todo lo restante, solo queda un pulso residual sugiriéndote que cualquier fragmento de absoluto es a partir de ti. Que la libertad emana tras asumir tu perfecta imperfección, y es allí, en ese punto en medio de ninguna parte, donde vibras al unisono de esa marea cuántica que no entiende de dramatismos e implícitamente desborda dinamismo.
La Susodicha... ajena a toda dOpaciÒn. XD
La Susodicha... ajena a toda dOpaciÒn. XD

10 comentarios:
conocerse esa es la cuestión.
Bueno días a una nueva ocasión
Y el universo se torna, día sí, día tambien, un agujero negro que nos engulle, lenta y vorazmente, sin atisbo de querer saciarse.
Abrazos insondables.
Yo con personalidad disociativa, no se si por elección, imposición o simplemente aceptación de la realidad... este texto es tan conocido como el autobús nº 149, a veces me voy a casa en él para estar una hora con ellas, y enfrentarlas, la que piensa que todo es modulación de su yo proyectado en las cosas, arjé de todo, y la que solo mira a través de la vida por una ventana, asustada e inconfesa asesina de la otra que vive.
Desfragmentar(me) a la par que desfragmente la pestilente rutina, se convierte en una de mis adicciones que más adrenalina me genera a la par que destrucción.
Rabiosamente yo, agotadoramente nada, mezcladas en estos 33 años.
una personalidad que da miedo, nunca descartemos lo fingido, es una elucubración también mía, me gustó
Javier... ya sabes, esto de ser viene siendo un muda constante, para dar cabida a esos nuevos fragmentos adquiridos tras experimentar la vida.
Si, parece que toca retomarse, cuando ya parece alejarse el embriagante "nosotros" y se deja de resentir el ego.
Rapanuy... No lo se, el universo es demasiado controvertido para aventurarse hacer una valoración, pero da mucho juego, como todo lo que desconocemos. Así que, bien posible es que nos ande engullendo, escupiendo o vete tu a saber que...jaja
Respecto a los agujeretes negros, yo tengo mi personal pajote. Los imagino como mega condensadores de masa, así como sumideros de materia... para luego, enjoy de nuevo, tras el cratabong que dio origen a lo que es.
Si tu comentario era como metafórico... Bueno, no creo que deba preocuparnos, todo son ciclos.
Un abrazo con sonda. ;)
Carmeloti... a mi "lo de rabiosamente yo" me sonó de fabula, que quieres que te diga. Respecto a lo de no ser nada, bueno, puede tener múltiples lecturas, pero quien dictamino la necesidad de ser algo mas que ese "yo" que parece exultante de libertad... siempre que no nos haga esclavos de una perpetua huida.
Las cosas suceden, el mundo es tan imperfecto como irregular el desarrollo de los seres que lo habitan, así que la capacidad de generarnos daño esta a la orden del día, pero considero que en la comprensión reside una forma de liberación.
Hay ciertas rutinas que son buscadas porque nos complacen, asumir las impuestas o las generadas por la falta de recursos para quebrarlas, esas, pues como que comen la moral de cualquiera, ya que atentan al cerebro siempre ávido de retos para nutrirse de aprendizaje. Quieras que no, este fue tomando forma en el cráneo de nuestros ancestros, en aquellas eras donde eramos nómadas por necesidad.
Joder, creo que estoy poniendo excesivamente chapas, pero es que me impresiono y sobrecogí con tu comentario y el desgarro que percibí.
J.G... es algo normal eso del miedo frente a otros, ya sabes, eso de asomarse a otros territorios siempre ocasiona el vértigo, de quizás reconocernos.
Uhmm, no has sido muy explicito, una pena, los miedos que sentimos hablan mas de nosotros que un montoncito de palabras. Pues gracias por percibirlo con gusto. :)
Ha sido un gran placer encontrarte. Descubrir una deliciosa combinación de poesía y filosofía no es un hecho común en el vagabundeo virtual y... ¡de repente, tú! Desde ahora te sigo. Un fuerte abrazo desde Canarias.
Es curioso que los lugares donde más fuera de nosotros mismos podemos llegar a estar sean autobuses, trenes, coches; donde ya no sabemos si miramos a las personas y paisajes o son ellos los que nos miran.
Nueva en tu blog.
Me ha gustado mucho leerte. Me quedo.
Poco poder elucubrador tomar un autobús del que sabes cuál es la parada final, ¿será entonces esa capacidad de empatizar con las caras que nos rodean las que nos hagan soñar esas otras realidades?
Creo que ya se porqué prefiero el autobús al metro.
Ya he regresado de las vacas, te leí ayer pero he tenido que "meditarte" esta mañana para responderte, debe ser que la descompresión me tiene la neurona de vacaciones.
Un besote y ya estoy de "güelta".
La consagración de tu poiesis narrativa, es terriblemente seductora, hasta la erosión del ego en el punto de fuga
Marcelo
Susodicha, tú escribes siglo XXI. Muy habil y sugestivo todo el arranque narrativo. Greetings
Publicar un comentario en la entrada