Muescas en la piel





Cambio el ritmo entre los escombros de la ciudad vertical, aunque persiste el rito del encuentro con el lugar, así que, continuamos calentando motores y palabras azuzada por este aire migratorio de nueva estación. Acelerando y retando la quietud de las pulsaciones que se pusieron a cero tras rozar durante un instante la consciencia de que jamas me prestaras tus retinas, que tu atmosférica presencia no me mantendría a salvo del vació amenazante que hiere al pasear la calle principal. Y ahora oscilo sobre dedos gruesos y animales, viajando por paisajes tibios sin el peligro de ser reconocida y que el mundo se ponga del revés adquiriendo coherencia.

Sigo habitándome, por defecto, y pese a todo perdiéndome, acomodándome en espacios impersonales de pegajosas tristezas que se apuran en cada trago en pos de la estúpida homogeneidad. Húmeda de humo, descifrando el cromatismo del atardecer imposible en los cúbitos de hielo bajo luces sintéticas. Permisiva con mi sombra jugando en pasadizos de cuerpos inciertos y cambiando de espacio 250 veces por segundo, porque esta obcecada en mostrarse que aun siente, que los poros todavía mantienen intacta su capacidad de exudar la contenida ternura, aunque no sienta la lluvia, aunque me resulte impensable que la nostalgia te rinda a mi y recuerdes lo que me gustaban las tormentas.
Y estoy aquí, reflejándome sobre los charcos encendidos en la ultima farola, evaporados de vuelta a casa y, cada tres, uno, y en partículas minúsculas de el, tu, el organismo sin apenas registros en mi piel, el cincel capaz de desenmascarar la paisajistica forma a todas mis muescas.

El tiempo me observa cuajado de frió, como los relojes del Moscu ajeno que forma los estructuras en esta ciudad incierta sacudida por el canto de gorriones que despedazan tímpanos y me inoculan la sospecha de que llega mañana, con su ruidosa e invasiva cara práctica de la vida, con ese positivismo atávico que me someterá al embrujo del primer día soleado de Septiembre y la creciente sensación de que ya faltan horas para extraer mas vida y afanarme en desovillar de mis neuronas esta pesadez que acompaña ineludiblemente a mis resacas.

La Susodicha.

6 comentarios:

  1. Belleza, sugestión y elegancia: todo eso es lo que me provoca leer tus textos. Muy buenos, la verdad. Muchos besos!

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  2. Se evaporan los charcos igual que se evapora el tiempo, los recuerdos, los deseos y las ilusiones, pero siempre queda la esperanza de que igual que la lluvia cae al condensarse, en un ciclo sin fin sobre nosotros, igual semejante debería pasar con todos los anhelos, deseos e ilusiones que se evaporan con el día a día.

    Abrazos.

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  3. Yo sigo en esa forma de vida que me somete el cuerpo, que ni me siento comoda, y con sus parte pensante menos, se abrocha al pasado, reviviendo tormentas felices acompañada de otro que quizás ha aborrecido mis excentricidades y retorcido mi recuerdo, mientras yo despligo cada una de sus simplezas que antes me proporcionaban paz...

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  4. Siempre es un placer leerte Susodicha.
    Un saludo.

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  5. me gusta tu Moscu lleno de pajaros y desesperaciones.....sensaciones de ciudades verticales ... a pesar del extremado positivismo, leo tu ternura en la cadencia de las palabras


    mi beso

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  6. Estás adelantándome un otoño que a mi me funde los plomos, virtual y físicamente, habrá quien disfrute de esa sinfonía de colores que solo anuncian la muerte, las sombras se alargan y los suelos se vuelven húmedos, agg, se me acabó el verano.
    ¿Cómo son esos relojes de Moscú?
    Un besote fuerte.

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