Las putas del poder... ( el magnetismo de la deformidad)


Peeping Tom- Your Neighborhood/E



Siempre pululaba esa molesta sensación de que los hechos se alineaban a contramano de lo que necesitaba, que todo se confabulaba para no lograr alcanzar cierto grado de bienestar y la fisonomía del hecho a sortear en esta ocasión, resultaba obscenamente lardosa. Creía conocerse lo suficiente para poder afirmar que carecía del estomago requerido para lamer e ingerir a cualquier precio, que estaba alarmantemente incapacitado para hacer frente a la comedia sin sufrir de continuos espasmos estomacales que estaban mermando su salud.

Estupideces, sentenciaría Carlos en la acústica licuada del fondo del vaso. Gilipolleces, diría, apurando la última gota de convicción necesaria para digerir la inercia de su vida mientras preveía el momento de esa llamada a deshora que lograría dar salida la inquietud de sus huevos, dejando un billete de cien sobre la barra y haciéndole saber que se iba a bendecir el baño. Y allí, llamadita entre el canturreo de la cena de ayer descolgándose de sus intestinos en alegre chapoteo antes de la inmersión hacia el sumidero. Ese era su alimento, aquellos dígitos marcados hasta el absurdo, la excarcelación para ese animal nostálgico que se dejaba ir dos veces por semana en la habitación de cortinas granates agarrotadas de alientos, nicotina y vete tú a saber qué fluidos de la calle Entrevías. Cuartucho por el que reptaría sobre la moqueta jugando a ser la puta de algún dios alucinado, recuperando a topetazos sobre su próstata el infantil coraje de hacer vibrar su vida, gracias a alguna oportuna comisión y antes de retornar a su inmaculada realidad con el ojete enrojecido y lúbricamente univoco... De vuelta a ese chalecito a las afueras, donde las recurrentes cenas de negocios encanecían tempranamente el ánimo de la que era su mujer, la misma que bregaba con los caprichos de tres mellizos consentidos por un padre meramente figurativo, y correteando estos tras una falda desmadejada de suspiros, subsistiendo a base de antidepresivos, que representaba para ellos su madre. Pero Carlos cumplía con exquisitez su labor de cabeza de familia suministrando escandalosos beneficios al núcleo familiar, así que la cosa tiraba, con ese magnetismo que la deformidad bien pertrechada emana.

Eran incalculables los símbolos y las facetas que podía acaparar un mismo hombre, las contradicciones que se extendían más allá de él y lastraban otras existencias y aun así, no podría asegurar que Carlos fuera un mal tipo. Solícito, eficiente, cortés y brillantemente resolutivo, pero tampoco toleraba no cuestionarse que, quizás, sus consejos no eran mas que excreciones con afán de perpetuación, las emanaciones sépticas de la fuerza que representaba él, sus trajes, sus presuntuosos relojes, sus coches de velocidades impalpables, sus gestos desdeñosos, todo lo que le mantenía en una línea de ascenso en los negocios, aquella máscara que le otorgaba cierta inmunidad frente a los convulsos escenarios de orden y poder, ese halo de superfluo señorío. Hay que tener los cojones muy bien puestos para vérselas en este gatuperio, le espetaría Carlos cuando a diez minutos él dudara de querer formar parte de este maridaje entre politiquillos de aldea y caciques regionales. El idealismo es el opio de los gilipollas, susurraría dándole unas palmaditas en la espalda al hombre que firmaría la nueva llegada de otra comisión, echándole así el cordaje que le haría bailar a su son de por vida, un formal signo aceptado que le ajustó suavemente el nudo de la soga. Carlos era así, un obús dirigido a un único objetivo, la búsqueda de recursos que colmaran su autocomplacencia y él, no era más que una víctima colateral totalmente asumible. A ratos casi podría decir que le resultaba admirable.

Él, sin embargo, era de aquellos a los que los domingos plomizos de lluvia reiterativa hasta la exasperación hacían sentirse cómodo, le resultaban tan afines como las ideas que plasmaba una y otra vez sobre el tiempo, en los escritos catapultados por ese pulso frenético de un corazón, a día de hoy y siempre, temeroso de no ser capaz de asumir las faltas, errores y ausencias que se precipitaban sobre las ventanas. Él sufría de ese germen errático que crece en los bohemios, aspirante a una libertad que solo podía intuir cuando la realidad reinante se dispersaba en aquellos momentos de nadas domesticas. Se sabia otra historia circunstanciada más, un idealista que fue perdiendo el entusiasmo frente a la acerba estirpe de los triunfadores, esos que eran capaces de dar lecciones sobre la pureza tras retozar sobre una cochinera y convivir con el propio hedor sin emular ni tan siquiera una mala mueca.

Las últimas semanas habían sido un descenso a los propios infiernos, sentía la reverberación de un eco extraño perforándole las sienes y en constante revisión esa escena que tomó por asalto su mente. Ya ni tan siquiera lograba palpar un momento de serenidad recordando los dedos húmedos de languidez de Sofía, desnudándose frente a los claroscuros del piano, solo había podido dormir y rescatar un poco de cordura releyendo sentimientos antaño formulados en su diario. Así que podía decir que estaba jodido, con esa profunda convicción de los que hicieron de su existencia un íntimo cortejo a la poesía y la desesperación. No podía alejar de su ahora el lamento agónico de aquel cuerpo consumiéndose en llamas. Fuego y dolor citados por propia voluntad y atrapados por la indiferencia de esa cámara que le escupió el hecho sobre su adormecida moralidad. Aquel hombre corriendo agónico por los terrenos que días atrás él había expropiado se estaba pudriendo en algún recóndito lugar de su alma, a la verita misma del motivo al que se aferró.

Todo el mundo tiene un precio, algunos necesitan revestirlo haciendo honores a supuestas virtudes o sentimientos de plenitud cósmica y mierdas de esas, le dijo a través del auricular Carlos cuando lo llamo a las tres de la madrugada en busca de un ápice de redención, aunque ésta viniera desde la lengua del mismísimo diablo. Siempre es incómodo asumir que uno es un hijo de puta, descubrir que el mundo no es más que la sombra cubierta de mierda de la injusticia y egoísmo de nosotros mismos... Eso es ser valiente amigo, hacer de tus mentiras la realidad que empuje tus sueños, engañarte hasta el punto de que todas esas chorradas del bien común, no sean mas que una ventaja, por ser capaz de deformar esta frontera y llenar de parabienes tu vida. Que se joda ese tipo, tú no lo has matado.

Esas palabras, sus frases, peregrinaban por cada una de sus fibras nerviosas al borde de la crispación, se abrirán paso por esa neblina densa que estaba pulverizando todo lo que creía ser. Se repetía en una letanía muda que él no era como Carlos, que solo era una víctima de un juego para el que carecía de aptitudes, que él solo aspiraba a lograr el mejor escenario para acoger en su vida a Sofía, que que él solo fue la última gota que hizo rebosar a aquel tipo… que aquél… que aquél… jamás sería él.

La Susodicha


(Mi agradecimiento por la correcciòn a Ana)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

El poder mal asumido es la puerta que nos lleva directamente al infierno.

Relato duro y sincero como las caidas de esos ídolos con pies de barro que utilizan el dinero hasta para compra la compañía.....

carmeloti dijo...

Violentamente bello, agresivo hasta explotar, tremeda euritmia, de poder y muerte.

"hacer de tus mentiras la realidad que empuje a tus sueños", es sin duda una perla, que todo el mundo debería ser consciente de la palanca que meve su mundo y los riesgos que implica.

Dinero, poder, prestigio, quizás solo sean sinónimas a muerte, destrucción, sumisión al la nada de la soledad de la cima.

Como siempre un placer exquisito leerte...

javier dijo...

sabes que siempre me has fascinado, también tu manera de escribir :-)

Jesús Garrido dijo...

la imagen tiene tela

Anónimo dijo...

No somos más que una incoherencia. El ser humano es la contradiccion del ser y del deber ser. Pero que eso no nos ciegue. Al final somos lo que en un momento dado elegimos.

El problema real es el aburrimiento en un mundo opulento y desasosegado.

Me encanta como escribes.

Saludos. la maga

La Solateras dijo...

Eres una grandísima escritora, valiente y rompedora donde las haya, tanto en los temas que eliges como en tu modo libérrimo de plasmarlos.

Enhorabuena.

Nómada planetario dijo...

Original forma de abordar la erótica del poder y la cloaca del éxito políticamente correcto.
Un abrazo.

Rorschach dijo...

Excelente.