
El cielo congestionado de nubes es, en esta tarde, la perfecta momificacion del movimiento. El manto blanquecino a la espera de que la parca luz se deje seducir por la oscuridad. Me gusta la noche, su llegada, el poder de sublimación que emerge de todos los recovecos silenciados de la ciudad de los anónimos. La caricia magnética que destilan las horas cuando la haces tuya, cuando dejas que su belleza germine en ti los acordes de su sinfonía enmudeciendo el pensamiento. Eso es la belleza para mi, la ansiada quietud invitando a las sensaciones a permanecer expectantes del instante, la efímera plenitud gravitando sobre el vértigo. Las retinas inflamadas escapando de sus órbitas, quebrando las elipsis rutinarias y abriendo nuevos espacios por donde fluctuar buscando el asombro de lo mínimo. Lejos de verbos pretéritos y herrumbres, de la consciencia elaborando concordancias con un mundo al que siente ajeno, de la dislocación del ser frente al tiempo, de los dedos mancillando el lenguaje etéreo.
De esto mismo me hablan están notas filtrándose a través de los cascos, de la imposibilidad de tu existencia sin la certeza de tu convulsión, de la necesidad de percibir el pausado vaivén de tu dialogo antes de la violenta desintegración de la razón.
Sutil, así casi mortecina, con el enigma iluminando tu piel al trasluz de una luna arañando las nubes, rompería el refugio de tus encajes secuenciales tras los que te insinuás plena y magnánima, y bebería de todos tus labios, todos los lenguajes y mi propia carne.
De momento tendré que conformarme con los momentos que, con la estrategia del mosquito, logre robarte.
La Susodicha.
De esto mismo me hablan están notas filtrándose a través de los cascos, de la imposibilidad de tu existencia sin la certeza de tu convulsión, de la necesidad de percibir el pausado vaivén de tu dialogo antes de la violenta desintegración de la razón.
Sutil, así casi mortecina, con el enigma iluminando tu piel al trasluz de una luna arañando las nubes, rompería el refugio de tus encajes secuenciales tras los que te insinuás plena y magnánima, y bebería de todos tus labios, todos los lenguajes y mi propia carne.
De momento tendré que conformarme con los momentos que, con la estrategia del mosquito, logre robarte.
La Susodicha.

7 comentarios:
¡Que belleza¡...
Leerte ha sido como despertar a un amanecer de primavera...
Abrir el intelecto y beber de las fuentes de tu inteligencia hecha verbo...
la verde bebida que abre las puertas del mismo infierno , permanece en el vidrio que la contuvo: Absenta
la vela parpadea agotada, como agotado tu cuerpo que junto al mío exhanimo permanere las armas vencidas, ahora sin corazas
Efímeros momentos
sólo la música penetra cuan espada en nuestros cuerpos. Sabemos que vivimos por que es el último placer de la noche: La folia nos penetra
Un beso y buen finde susodicha
La estrategia del mosquito es picar y volar en el silencio de la noche.
Pero en este caso, es precioso la forma de ru relato.
Saludetes!
Qué excelente texto, qué forma tan sugerente de explicar cómo nos enganchamos a las personas. Besos!
Eres sin duds quien mejor descuartiza esencias, amplias significados, metaforas imposible que abren la puerta al mundo onirico al puro estilo Remedios Varo; lo que es desafia con el pincel tu lo haces con la palabra.
Estimada amante de la nocturnidad, yo que soy una alondra que necesita el sol le tengo miedo a la noche, a los mosquitos que chupan la sangre porque en la oscuridad todos los gatos son pardos y no puedo verles el fondo de los ojos.
Eres buena "canalla", disfruto como un cochino cuando te leo.
Un besote veraniego, que he oído que en tu tierra el verano ha pasado de largo.
Esta entrada me ha encantado. Me quedo con la primera frase y con esa fase en las que anuncias tu conformidad con esos momentos que lograrás robar gracias a ese estratega, o algo así.
Sigo felicitándote.
Mario
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